A los 75 años de su muerte, Lenin se convierte en arma arrojadiza de una Rusia dividida y sumida en el caos

Más de 2.000 monumentos al aire libre y 12.000 bajo techo atestiguan por toda Rusia que Vladímir Ilich Lenin, célebre líder bolchevique y fundador del Estado soviético, está lejos de haber quedado recluido a la memoria histórica. Hoy se cumplen 75 años de su muerte y, con el pueblo ruso dividido por la ideología y por la abismal desigualdad socioeconómica que actualmente rige en el país -donde el 30% de la población vive por debajo del límite de la pobreza-, la figura de Lenin es, quizás más que nunca, objeto de controversia y arma arrojadiza.El rastro de Lenin puede seguirse en escayola, granito y, sobre todo, en bronce, desde aldeas a grandes ciudades: enormes estatuas como la que le presenta subido a un tanque frente a la estación de Finlancia de San Petersburgo, bustos monumentales, incluso una cabeza de cinco metros de alto en la plaza central de Ulán Udé (capital de la república siberiana de Buriatia), medallones y placas conmemorativas, mosaicos en el suntuoso metro...

Los dos principales "templos" leninistas son la casa-museo de Gorki Leninskie, en las afueras de Moscú, donde el líder bolchevique pasó sus últimos años, y el mausoleo de la plaza Roja, en el que su cuerpo momificado sigue expuesto a la curiosidad o la veneración.

Un equipo de 12 especialistas se encarga de someter al cadáver a un tratamiento especial. Además, cada año y medio, se le sumerge 15 días en un baño de agua, alcohol, glicerina y acetato potásico, según un procedimiento secreto. Los técnicos, antaño privilegiados del régimen, cobran hoy salarios de miseria, y sobreviven gracias a los trabajos extras que efectúan en el Instituto de Estructuras Biológicas para adecentar cadávares de mafiosos cosidos a balazos.

El presidente Borís Yeltsin ha amagado con enterrar a Lenin en San Petersburgo, medida para la cual insinuó que convocaría un referéndum. Son numerosas las voces que piensan que, una vez que los huesos el último zar, Nicolás II, fueron enterrados el pasado julio en la antigua capital imperial, Rusia no puede aspirar a una auténtica reconciliación si no desaparece la faraónica exposición pública del verdugo de los Romanov. Pero con los comunistas, que no han renunciado al legado de Lenin, convertidos en la primera fuerza del Parlamento, no es probable que se tome una medida que supondría un peligroso factor de confrontación social.

El partido de Guennadi Ziugánov reafirmó ayer su compromiso con el legado de Lenin, lo que hoy supone "luchar contra el colapso económico, arrojar a la basura a traidores y aventureros políticos y resucitar una madre patria socialista y completa". Si Rusia no estuviera hoy en el abismo, Lenin pasaría tal vez a las enciclopedias. Pero, en este caos, es una bandera para la "famélica legión" de la que habla un himno algo pasado de moda: La Internacional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 20 de enero de 1999.

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