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Editorial:

Periodo de tránsito

LA ECONOMÍA española se ha movido en la línea esperada durante el tercer trimestre de este año. Las cifras publicadas ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE) reflejan que el clima económico sigue marcando niveles altos de optimismo. El crecimiento ha sido del 3,8%, una décima inferior al registrado en el primer semestre del año, pero esta desaceleración, anunciada por las autoridades económicas, no ha minado el equilibrio macroeconómico. La tasa de crecimiento sigue siendo elevada, aunque se hayan desacelerado ligeramente (dos décimas) las de consumo privado y demanda interna. El empleo aumenta con una cifra interanual de 482.000 puestos de trabajo.A este panorama general del tercer trimestre se sumó el martes el dato referido al IPC de noviembre, que, con una caída de una décima, situó el índice anual en el 1,4%. Hay que remontarse hasta 1969 para encontrar un precedente, pero no puede olvidarse que aún estamos por encima de las tasas que registran los países centrales del euro, a los que aventajamos, en cambio, en términos de crecimiento.

Es lógico que el consumo pierda fuerza; puede incluso ser deseable si se considera que a partir de enero el descenso en las retenciones y la reducción de tipos de interés aumentarán las rentas familiares y, sin esta corrección previa, podría alcanzar niveles excesivos. La avanzadilla de la crisis internacional empieza a afectar, como es lógico, al sector exterior. Las exportaciones y las importaciones han perdido mucha fuerza en el tercer trimestre. Pero la contribución negativa del sector exterior al crecimiento (seis décimas) se ha mantenido en términos más suaves de lo esperado.

Es probable que la desaceleración económica sea un poco más acusada en el cuarto trimestre por el efecto arrastre del sector exterior. Los factores de incertidumbre más relevantes para tratar de anticipar la evolución de la economía española en 1999 siguen siendo el impacto de la crisis en el sector exterior y el comportamiento de la inflación cuando los precios del petróleo dejen de bajar en los mercados internacionales. En este clima de optimismo económico, sin duda justificado por las excelentes cifras de inflación, crecimiento y empleo, no hay que olvidar que la relación de precios con Alemania o Francia es desfavorable para España; y que eso reduce nuestra competitividad respecto a las áreas económicas con las que mantenemos mayores intercambios comerciales. A medida que nos acercamos a la adopción de la moneda común resulta más necesario adoptar medidas que contribuyan a reducir la inflación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de diciembre de 1998