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Archivada la causa contra el chino cuyos dos hijos murieron en un incendio

Paso a paso, Sua Gua Lin, inmigrante chino de 33 años, ha ido saliendo del laberinto judicial en el que cayó hace dos meses, cuando ingresó en la prisión de Soto del Real bajo la terrible acusación de haber abandonado a sus dos hijos en el incendio doméstico que acabó con sus vidas. En esta larga senda, el último hito fue puesto ayer, cuando la misma juez que un día de septiembre dictó su encarcelamiento decretó el sobreseimiento de la causa.

El lunes 24 de agosto la vida de Sua Gua Lin dio marcha atrás. Aquella mañana, este inmigrante ilegal de escasas palabras salió de su piso, en la calle de Mesón de Paredes, para comprar comida. En la vivienda dejó a sus hijos Ana Li, de tres años, y Angueg, de dos.Al regresar a la casa, sobre la una de la tarde, halló cambiada su suerte: un incendio había devastado su hogar, había dejado en estado crítico a su hijo y calcinado viva a su pequeña. Pero no acabó ahí la tragedia. Las investigaciones policiales apuntaron casi en el acto a que Sua Gua había dejado a sus hijos solos y encerrados con candado en la habitación. Poco después, su esposa, que en la mañana de su desgracia vendía rosas por las calles de Bilbao, declaró que el hombre la maltrataba.

El resultado de estas sospechas fulminó al inmigrante: la titular del Juzgado de Instrucción número 44 de Madrid, María Luisa Lázaro Trueba, decretó, con la aquiescencia del fiscal de turno, su encarcelamiento por un delito de abandono de menores. La determinación judicial, sin embargo, empezó a resquebrajarse tan pronto como la esposa superó su depresión y la policía avanzó en sus investigaciones.

La mecha de la desgracia

El análisis de los escombros permitió a los agentes concluir que el fuego había arrancado en la habitación de los pequeños y que posiblemente ellos mismos lo habían provocado con un mechero. Más importante aún fue que los testigos declarasen que en el momento del incendio tres adultos y tres chicos de entre 13 y 16 años ocupaban las habitaciones. Y que la policía demostrase que ninguno de los mecanismo de cierre de la puerta de la habitación donde se hallaban las víctimas hubiese sido atrancado.Quedaba, pues, abierta la puerta para el auto de libertad condicional sin fianza de Sua Gua. El pasado 8 de septiembre, un hombre enjuto y muy asustado salió del presidio y se dirigió a la unidad de Quemados del hospital La Paz, donde agonizaba su hijo. Allí se reencontró con su mujer. Poco duró la alegría. El 24 de septiembre murió el pequeño. Fue enterrado, junto a su hermana, en el cementerio de Carabanchel.

La escena de los padres abrazados en el llanto, con la mirada clavada en la tumba de sus hijos, desató una ola de solidaridad. El delegado del Gobierno en Madrid, Pedro Núñez Morgades, retiró la orden de expulsión contra la mujer y legalizó a Gua Lin. La Cruz Roja les brindó ayuda asistencial y la colonia china les facilitó un trabajo.

El círculo se cerró con la decisión de la juez de decretar el sobreseimiento provisional de las diligencias. Un archivo adoptado con el acuerdo del fiscal y basado en que dentro de la vivienda había más personas en el momento del incendio. "Por ello no cabe calificar la conducta del imputado como imprudente; a mayor abundamiento, señalar que la causa probable del incendio fue la utilización del mechero por parte de los menores, no siendo imputable tal hecho a Su Gua Lin", dice el auto que devuelve al inmigrante su libertad plena. El caso ha quedado cerrado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de diciembre de 1998

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