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Entrevista:

"Hay centros de mayores que no pueden pagarte el transporte"

No ha sido fácil la vida de Juan Gallego, el cantante de música ligera que desde 1993 se dedica a entretener a los ancianos y a los minusválidos con conciertos gratuitos en los centros de tercera edad de la Comunidad de Madrid. Nacido hace 63 años en el barrio de Tetuán, acaba de editar su primer compacto, que se presentará hoy a las 17.00 horas en el Centro cultural La Elipa. Último de doce hermanos, nunca conoció a sus padres porque se quedó huérfano a los cuatro años. "Tuve que criarme sólo, en la calle", recuerda. A cantar empezó muy temprano: tenía 14 años. Su talento fue incluso premiado en concursos musicales de Radiotelevisión Televisión Española, como Ruede la bola. Pero las dificultades economicas le obligaron, a los 22 años, tras la mili, a dejar la carrera artística para la más segura profesión de pintor de brocha gorda, que ejerció hasta el 1990. En aquel año, como consecuencia de una operación de hernia discal, quedó inmovilizado en una silla de ruedas. "Estaba destrozado, me dieron la inutilidad total y 33.000 pesetas al mes para vivir", explica. Dos años duró la rehabilitación y, tras ella, logró recuperar su capacidad motriz. Y junto a ella, las ganas de cantar.Pregunta. ¿Cómo volvió a la música?

Respuesta. Durante la rehabilitación, un doctor amigo me aconsejó ir a un centro de tercera edad. Así empecé a frecuentar asiduamente el centro cultural La Remonta, en Tetuán, donde enseguida me puse a cantar con una rondalla. Después vinieron los conciertos y, al fin, hace dos años, pasé al Centro de día Carolinas.

P. ¿Cómo le recibieron allí?

R. Muy bien. La gente mayor me trataba con mucho cariño, a lo mejor porque era más joven que ellos. Incluso fui elegido vocal de relaciones públicas del hogar.

P. ¿Qué ha significado para usted la vida en ese centro?

R. Ha sido lo mejor de mi vida. Este hogar lo quiero mucho. Me ha devuelto la ilusión, las ganas de vivir y de cantar. Allí he podido comenzar todo de nuevo: he conocido a mi mujer, Isabel, he vuelto a hacer música.He tenido también la oportunidad de grabar un disco.

P. ¿De qué se trata? ¿De un proyecto comercial?

R. No, de ninguna manera. El compacto es para regalar. Yo nunca he cobrado por hacer mi música. Sólo canto para los ancianos y los minusválidos, es decir, para la gente sencilla que no tiene nada. Pero me gustaría que una gran empresa me comprara el compacto. De esta manera, yo podría intensificar mis actuaciones en las residencias de tercera edad. A veces doy espectáculos en centros que ni siquiera tienen el dinero para pagarme el transporte.

P. ¿Qué sucede entonces?

R. Mi mujer y yo somos quienes hacemos una donación, para aliviar el estado en el que esos centros se encuentran.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de noviembre de 1998

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