Cartas al director
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Ciclista urbano

Soy un ciclista urbano. Para el alcalde, nada. No existo. Sin embargo, tengo derecho a circular por las calles de mi ciudad, entre otras cosas, porque no hay ninguna ley que me lo prohíba.En tanto que usuario de hecho y, mientras no se demuestre lo contrario, de derecho, quisiera alzar mi voz en contra de algunos aspectos del tráfico urbano, de la misma manera que hacen la mayoría de los conductores. Para ellos, la doble fila supone una molestia, una pérdida de tiempo. Para mí supone un peligro por tener que estar constantemente alerta para señalar con la suficiente anticipación la maniobra de cambio de carril, pocas veces concedida. El mal estado del asfalto de carril-bus, las roturas del gas, las planchas metálicas o las alcantarillas hundidas producen en el conductor un sonoro taco por la salud de su vehículo. A mí me obliga a memorizar el recorrido diario, so pena de salir volando por los aires y caer entre sus ruedas. Que el único carril-bici que tenemos se encuentra invadido por obras sin señalizar, coches aparcados, cubos de basura o, simplemente, sin el mínimo mantenimiento supone tener que desechar esta opción en las contadas oportunidades que es efectiva. Las ordenanzas, como a los coches, me prohíben aparcar en un montón de sitios, pero no me ofrecen alternativas (aparcabicis) en los lugares en donde son más necesarios.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 07 de noviembre de 1998.