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Cuba conquista Pamplona, papito

"Ahora les hemos conquistado nosotros". Las palabras de uno de los músicos de la orquesta Sonora Corasón dicen una gran verdad. La juerga mestiza ha arrinconado al Baile de la Era. Por las calles de Pamplona suenan los txistus y el tamboril, las jotas y el zortziko, pero los indiscutibles reyes de las noches sanfermineras son el mambo, el son cubano, la salsa, la cumbia y en definitiva, las músicas calientes de un mar, el Caribe, y especialmente de un país, Cuba, que se ha adueñado de los espacios calientes de la fiesta hasta casi monopolizar el sonido de las noches de San Fermín. Bajo el título genérico de Más se perdió en Cuba el Ayuntamiento de Pamplona apostó este año, centenario del 98, por acercar hasta Pamplona a más de un centenar de artistas de aquella isla para dar sabrosura y ritmo a las frescas noches de la capital navarra. Torcedoras de puros que ofrecen genuinos habanos recién hechos; cocteleros afamados preparando mojitos y daiquiris; músicos de bandas como Lejenque y Sonora Corasón; tríos de boletos; el humor de Alexis Valdés Bandurria, el humorista y showman más cotizado de La Habana y, cómo no, los ritmos calientes que emanan a cada giro de cadera de decenas de mulatas de cuerpos indescriptibles han recreado en el parque de la Media Luna de Pamplona una atmósfera muy caribeña. "Ustedes son seres calentones, papito, lo que ocurre es que no lo saben", bromea una de las bailarinas cubanas instantes después de ofrecer a miles de personas una pequeña dosis de ruptura de cadera jaleada por el público hasta la extenuación. Además de este rincón cubano, su música ha conquistado las verbenas de la Plaza de San Francisco donde la ya veterana visitante nicaragüense Orquídea Robinsón y su orquesta dejó un año más muy alto el pabellón caribeño. La conquista de Pamplona está realizada. La santería cubana es el objeto de una magna exposición con danzantes incluidos que está siendo todo un éxito de público. Los bares y discotecas alternan la música de las charangas de las peñas con los ritmos más bailables del Caribe y hasta la música clásica se apunta al 98. La Coral de Cámara de Pamplona, que este año celebró el 50º aniversario de su concierto sanferminero, ofreció un ecléctico programa en el que mezcló piezas de autores vascos, como Etxeberría o Aranburu, con boleros, sones y guajiras de autores como Anckerman, Varona, Roig, Grenet, Brouwer o Matamoros. "El mundo es un pañuelo de San Fermín", ironiza Osvaldo Ratzer, cubano afincado en Madrid que visita Pamplona estos días. Y si no, que se lo digan a la caboverdiana Cesaria Evora, a la portuguesa Misia, al afro pop de Kendo, a la salsa Ragamuffin de Sargento García, al ritmo jamaicano de Jim Murple Memorial, a la percusión africana de Kiemfo, al ska de Thiosane Group o al calipso ska de Doctor Calipso que han disputado público y noches a la Euskal Plaza de Maixa ta Itziar, Egan, Niko Etxart o Anje Dualde, a las rancheras, las jotas, el rock de Barricada y Rosendo o los músicos de jazz. San Fermín es una inmensa torre de babel que culmina en un rincón del Caribe.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de julio de 1998

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