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FRANCIA 98

García Aranda, firme en sus decisiones y enérgico

Seguramente en la actuación más importante de su vida profesional hasta el momento, el árbitro madrileño José María García Aranda, de 42 años, estuvo básicamente acertado, firme en sus decisiones y, sobre todo, muy enérgico. No hizo alardes físicos y tampoco los jugadores lo pusieron en demasiados aprietos. Pitó un penalti discutible y valiente (era contra el campeón del mundo), y amonestó cuando debía. Se ganó el respeto de los jugadores sin excesos de autoritarismo.

Pero antes de todo eso, García Aranda pasó por un momento delicado. Dirigía una cita muy cómoda y diplomática hasta que de repente, zas, se fue convencido y directo hacia el punto de penalti. Fue una decisión instantánea que cambió el partido: Brasil jugó a partir de entonces con el aliento de una Escocia entusiasmada en el cogote. Y al parecer no era nada cómodo jugar de esa manera.

El árbitro español condenó a la máxima pena un ligero empujón de César Sampaio sobre Gallacher. Taffarel, meta brasileño, miró al árbitro con desprecio mientras negaba con la cabeza que aquello hubiese sido penalti.

García Aranda, sin embargo, se mostró convencido al respecto. El árbitro español apareció muy seguro de sí mismo, convincente en las decisiones que iba tomando.

Vestía una camisa roja chillón con la que no podía, aunque quisiera (que no lo querría), pasar inadvertido. Fue condescendiente en los primeros minutos y aguantó la primera tarjeta hasta que Jackson, sin el balón por el medio, entró con dureza sobre Dunga.

Ese fue el instante en el que más se gustó el árbitro madrileño: se plantó bien plantado, sacó la tarjeta del bolsillo delantero y mostró la amonestación muy arriba, marcando todos los tiempos.

A partir de entonces, el colegiado García Aranda dirigió con corrección el partido que abrió ayer el Mundial de Francia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de junio de 1998