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FRANCIA 98

Marruecos causa una magnífica impresión

Noruega logra empatar a balón parado un encuentro que jugaron mejor los africanos

La clausura de la jornada resultó más lúdica que la apertura. En Montpellier y ante dos conceptos de juego opuestos, hubo un buen partido, en la línea que apuntaba el buen expediente de los dos contendientes. Marruecos desafió a Noruega con un juego de buen ver. Fue un equipo más vistoso y futbolístico que el nórdico, agarrado a su físico y poder de intimidación. Los noruegos sólo sobrevivieron a balón parado, en dos acciones puntuales, frente al fútbol más dinámico y denso del rival, traicionado solamente por su falta de oficio.Parecía de arrancada un partido pintado para Tore Andre Flo. El ariete noruego llenó el campo en el primer cuarto de hora. Se dejó caer a las bandas, buscó los centros cruzados de los medios y dejó en evidencia a la defensa de Marruecos, mal puesta y poco trabajada tácticamente, sobre todo en los flancos y en los balones cruzados. El fútbol de acero inoxidable de Noruega duró lo que tardó Hadji en atarse las botas.

El equipo de Michel pasó un mal rato. La presión y la velocidad del rival le impedía el control de la pelota. Pero bastó la aparición de Bassir y Hadji y el acompañamiento de Chiba, para que entre los tres representantes del fútbol gallego cambiaran el discurso del partido. El cuero bajó al suelo, el toque le pudo al fútbol sin balón, el acompañamiento desbancó al desplazamiento y el partido lo agradeció.

El gol marroquí retrató la situación. Hadda cogió la pelota a la contra, la tocó para la salida por la izquierda de Hadji y el interior le rompió la columna a Eggen con un control, un recorte de dentro para fuera y un remate cruzado. La suerte acompañó entonces a Noruega. Chippo expresó los problemas de la zaga marroquí en el juego aéreo, frente a la envergadura rival, y el equipo de Olsen atrapó el empate a la salida de una falta a un minuto del descanso.

El gol no alteró, sin embargo, el tono del encuentro. No estuvo a gusto Noruega en el campo frente a un rival que, apoyado en el entrejuego, le obligó a correr como un sonámbulo. Marruecos mantuvo la pelota y dirigió el choque a su manera. Hadda falló un primer remate, estuvo timorato en un cabezazo a un metro del portero, pero no falló en el segundo. Buscó la espalda de los centrales y, tras un control precioso, empalmó a la red.

Tuvo el segundo tiempo un guión tan parecido al primero que el empate llegó de igual manera y con la misma inmediatez. Otra pelota a balón parado, el portero que se afloja, la zaga que no despeja, y Eggen caza el empate. El marcador estuvo nuevamente amenazado en uno y otro bando, pero Marruecos no repitió ni sus aciertos ni tampoco sus errores ante una Noruega sorprendida por el ajetreo que le provocó un partido que, de entrada, parecía suyo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de junio de 1998