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Reportaje:

Las otras alas de Barajas

Unos 50 halcones "patrullan" las pistas para evitar que las aves choquen con los aviones

En el cielo del aeropuerto de Barajas no sólo vuelan aviones. Una compleja amalgama de controles y radares regula el tráfico aéreo. Pero el sistema de seguridad del aeródromo está dotado de algo más que de aparatos de alta tecnología. Una patrulla muy especial, compuesta por casi cincuenta halcones, vigila para que en las pistas no haya más alas que las suyas y las de los aviones. La labor de las rapaces es alejar al resto de aves de las zonas de despegue y aterrizaje y evitar así un posible choque de los animales contra las aeronaves."Los halcones son enemigos naturales de los demás pájaros, intentan expulsarlos de sus dominios y evitan por todos los medios que se acerquen", explica el responsable del servicio de cetrería de Barajas, Jesús Rero.

Una amplia fauna, compuesta por garcetas, garcillas, martinetes, fochas, zampullines y patos, anida en las lagunas casi desconocidas del aeropuerto. Un pinar de 100 hectáreas rodea este entorno natural de acceso restringido.

"No es frecuente que esos animales se acerquen hasta las pistas, porque aquí tienen de casi todo, pero no sería imposible. Por eso hay que vigilar, para que no suceda", dice Dionisio González, responsable del área de Medio Ambiente del aeródromo.

Las instalaciones de control de fauna de Barajas acogen el servicio de cetrería. Desde que son crías, los halcones se habitúan al sonido y a la presencia de los aviones. "Primero se les ha de amaestrar y amansar. Cuando se ha conseguido, se les enseña a volar cerca de las áreas de tráfico aéreo", señala Rero. Sólo se acercarán a las zonas más próximas a las pistas cuando sepan convivir con las aeronaves.

Los halcones están sometidos a una dieta estricta de carne y a un control diario y exhaustivo de peso. Sólo de esta manera podrán cumplir con su trabajo a la perfección.

El choque entre pájaros y aviones no es demasiado frecuente, pero existe. En alguna ocasión, las aves han provocado accidentes aéreos porque los motores han absorbido un pájaro y se han quedado sin potencia. O bien porque el piloto ha perdido visibilidad después de que un ave impactara contra la cabina.

El número de rapaces que ahora surcan los cielos de Barajas se ha incrementado con respecto al año pasado, para aumentar la seguridad. Los árboles (encinas, pinos piñoneros, cipreses) de la zona también han aumentado. No son las únicas medidas de protección del medio ambiente previstas por la dirección de Barajas, según explicó ayer su responsable, José Sedano. A partir de septiembre se ampliarán las redes de drenaje y saneamiento del aeródromo. También habrá una depuradora de las aguas residuales que genera el aeropuerto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de junio de 1998