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AULAS

El rugido del Jaguar

CAMPUS, Es sabido que la nueva sede de la Escuela Superior de Ingenieros de Sevilla, que alberga a las licenciaturas de Telecomunicaciones e Industriales, linda con Isla Mágica. Sin embargo, no es tan conocido el hecho de que el Jaguar, la atracción estrella de este parque temático, trepa por una de las fachadas de la Facultad. Los gritos de entusiasmo de quienes vuelan cabeza abajo se confunden con las delicias de la Telemática y la Mecánica de Fluidos. A media tarde, mientras se navega por la red de redes, es fácil sumergirse en pleno siglo XVII, con las correrías de los discípulos de Sir Francis Drake escenificando, entre cañonazo y cañonazo, un motín prefabricado. Según Carmen Serna, delegada de alumnos de la Escuela y estudiante de 4º de Telecomunicaciones, "el edificio no estaba concebido para ser un centro universitario", ya que su función original fue la de albergar el Pabellón Plaza de América durante la Expo 92. En su reconversión se blindó con doble acristalamiento la fachada Norte, para evitar los ruidos de la carretera que circunda La Cartuja, pero no se pensó que el estruendo vendría del sur, donde ruge el Jaguar. "El ruido sería soportable si los profesores utilizaran la megafonía de las clases", dice Rocío Camacho, estudiante de 2º de Industriales, pero lo cierto es que al ser las aulas pequeñas son muchos los que se muestran reticentes a utilizar el micrófono. El verano se acerca; con él vendrán los calores y los miles de visitantes del Parque. Para los estudiantes junio significa exámenes finales, biblioteca y horas de café y estudio, y se preguntan por qué un edificio inteligente como el suyo no entiende que si se abren las ventanas para que entre el fresco también entrará el bullicio. "La torpeza del ordenador llega a conectar el aire acondicionado con los sensores de luz, que están en las ventanas, y en las ventanas siempre hay luz, así que las clases suelen estar a oscuras, y suele ocurrir que en el invierno se conecta el aire y en verano la calefacción", comenta Guillermo Pérez, estudiante de 4º de Telecomunicaciones, Así que además de anacondas y jaguares, encontramos a sesudos pingüinos invernales y a pollos veraniegos. En resumen, una variopinta fauna que se entretiene en calcular el ángulo del tiro parabólico descrito por la bala del cañón pirata o la cantidad de líquido que desplaza un cuerpo, según Arquímedes, al caer desde el Iguazú (otra de las atracciones). Si aventura es descender por los Rápidos del Orinoco, no lo es menos llegar a clase a tiempo. Lo cierto es que la flamante Escuela de Ingenieros está emplazada en una zona alejada del centro de la ciudad y de difícil acceso, ya que sólo llega allí una línea de autobús cada 20 minutos. Tal y como dice Patricia Bonachela, de 2º de Industriales, "quien no tiene coche tiene que soportar los retrasos de los autobuses". Mal comunicada, rodeada de ruinas y de edificios fantasmas; parece que entre el Estadio Olímpico y la Isla Mágica se alza una auténtica isla perdida, más propia de Robert Louis Stevenson que de los ingenieros del mañana. Todas las deficiencias, sin embargo, apenas empañan las virtudes de este moderno y emblemático recinto académico, rara avis dentro de la nómina de espacios de la Hispalense. La pretensión de la Universidad es trasladar a La Cartuja los centros más deteriorados. Así, está previsto que las Facultades de Ciencias de la Información y de la Educación ocupen un mismo edificio en las proximidades. Finalmente, se configuraría una "ciudad universitaria" similar a la que existe en Málaga, distante de la ciudad pero coordinada y compacta. El crecimiento de este futuro campus se verá acompañado por la ampliación del recinto del parque de atracciones, aprovechando lo que fueron los pabellones autonómicos de la Expo, con lo que se creará un curioso espacio lúdico-académico de peculiar compaginación. Este relato de quejas quedaría incompleto de no incluir la opinión de aquellos que añoran las cervecitas de la antigua sede en el campus Reina Mercedes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de mayo de 1998

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