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Entrevista:

JAVIER ANZA ESCULTOR Y ARQUITECTO "En la arquitectura hay una tiranía creativa"

El arquitecto y escultor Javier Anza (San Sebastián, 1944) expone en el Colegio de Arquitectos donostiarra hasta el próximo 28 de mayo una muestra de los trabajos escultóricos que ha realizado en los último cuatro años. Este artista, afincado en Barcelona, utiliza el bronce y el barro para diseñar piezas que juegan con el espacio. Predominan las formas geométricas de tamaño modesto, que encierran algo de primitivismo y dejan asomar la influencia de las culturas mexicana y argelina en su obra. Anza trabajó dos años en Argelia con Ricardo Boffil en el desarrollo de la política constructiva de ese país. Pregunta. ¿Su trabajo como arquitecto, ha influido en su investigación escultórica del espacio? Respuesta. Hay mucho de influencia de la arquitectura en las formas geométricas de mis esculturas, pero en lo que se refiere al concepto del espacio, del juego entre el lleno y el vacío, hay un poso oteiziano evidente. Mi trabajo Eclipse es un recrearme en el monumento al Padre Donostia. Siempre me apeteció vaciarlo y no sólamente lo perforé, sino que lo rompí y lo recompuse. P. Entonces no reniega de la influencia de otros autores. R. No. Lamento incluso no hacer su mención. P. ¿Esculpe piezas de tamaño modesto condicionado por la dimensión de las salas de exposiciones? R. La verdad es que no las tengo muy presentes; expongo cuando surge, pero no lo persigo. Lo que me limita es el tamaño del taller, los hornos y la economía. La escultura es cara y no siempre puedo representar las piezas en el tamaño que yo quisiera. Algunas de las que presento en esta muestra admiten esa dimensión urbana y monumental. Mi obra Escollera se expresaría mejor si el espectador pudiera pasear por dentro, subirse a ella o resguardarse de la lluvia. P. ¿Sus obras entones son para ser vistas y tocadas? R. Sí; de hecho es uno de los títulos que podían haber ido. Siempre pienso que el espectador puede mover a su antojo las obras binarias, por ejemplo; que las coloquen como quieran y creen su propia pieza. Creo que, a pesar de todo, el principio en el que están basadas queda respetado en cualquier posición. P. ¿Evita el mensaje único? R. Procuro no teorizar sobre mis esculturas porque no sé si conseguiría algo. Además creo que hay una saturación de gente de arte que se dedica más a teorizar sobre su obra que a hacerla. En todo caso estoy abierto al diálogo. P. ¿Por qúe esa preferencia por el barro y el bronce? R. Empecé porque mi profesor utilizaba este material para enseñar y he continuado porque me gusta. Hay toda una sensación al manipularlo, al darle forma, al cortarlo. Además es muy manual. Hay un encuentro del hombre con el barro. Quizá no sea tan banal que la Biblia diga que el hombre nació a partir del barro. El bronce me atrae por su calidad, solidez y expresión y me facilita hacer series. P. En ocaciones los límites entre escultura y arquitectura aparecen casi desdibujados. ¿Cree que una disciplina es una prolongación de la otra? R. Considero que hay que delimitar, que ambas disciplinas tienen su propia naturaleza. No me parece una vía adecuada hacer de la escultura arquitectura. Pero dicho esto también pienso en que la escultura sí puede aportar una reflexión a la arquitectura. P. ¿Qué le ha aportado a usted? R. Libertad y ese juego expresivo personal que no tiene tanto cauce en la arquitectura. P. ¿Por qué? R. En la escultura soy el promotor, el constructor y casi también el espectador de mi obra. En la arquitectura, en cambio, hay una tiranía creativa. Si quieres trabajar con materiales caros no lo puedes hacer, a no ser que hayas adquirido un nombre como Moneo por ejemplo. Me imagino que a él se le enmendarán poco los proyectos, pero es un caso excepcional. El arquitecto está muy supeditado a las ideas o a los caprichos del promotor. En todo caso, la creación en esas condiciones un poco forzadas tiene algo de divertido. P. ¿En qué trabaja ahora? R. Estoy trabajando en piezas basadas en montajes de tablillas que se pellizcan unas a otras. Y como arquitecto, en un centro comercial en Argelia, entre otras cosas. Pero no tienen sentido creativo, son funcionales, incluso forman parte de las relaciones comerciales entre industriales de los dos países.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de mayo de 1998