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CARTAS AL DIRECTOR

Calmar los ánimos

Según informaba EL PAÍS, en su número del pasado viernes día 8 de mayo actual, el edil de Retiro planea ubicar la junta del distrito en el cuartel de Daoiz y Velarde, lo cual, a mi entender, mucho me temo que se trate de una noticia para calmar el preocupado ánimo de buena parte del vecindario que se está creando en virtud del fuerte despliegue inmobiliario de la zona.Más en concreto, la superpoblación que se está levantando en antiguos terrenos del Cerro de la Plata, hasta los viejos edificios de oficinas ferroviarias en la avenida de la Ciudad de Barcelona, se encuentra con la agravante de pagar fuertes impuestos por la zona donde han decidido vivir libremente, y en su contra se hallan con uno de los focos marginales más grandes ahora mismo en Madrid.

Para quienes vivimos cerca de los antiguos cuarteles de la Maestranza de Artillería o de Daoiz y Velarde, como también se les conoce, tenemos que andar con mil ojos a ciertas horas, pues este rincón del hermoso barrio de Pacífico, perteneciente al distrito municipal de Retiro, se ha convertido en un terreno abonado para los maleantes, quienes, tras robar establecimientos, niños, ancianos y personas mayores, taxistas y cualquier otro convecino, utilizan los viejos cuarteles como refugio aprovechando la proximidad de las vías, para seguir huyendo hacia Méndez Álvaro.

Si es cierto que se tiene pensado traer a esta parte del barrio una dependencia del Ayuntamiento, más los complementos que anuncia para el deporte, comercio, etcétera, estaríamos de enhorabuena.

Pero mientras la vigilancia policial no aumente, y no podamos pasear con más tranquilidad por la calle, será difícil sentirse seguro y protegido por la ley. El resto es intentar que los vecinos se callen, cuando han empezado a movilizarse cada primer domingo de mes delante de los cuarteles.

Mientras, la vecindad que espere sentada la llegada de esa anunciada policía de barrio. ¿Cómo esperan que me lo crea?, si lo que de verdad quiere un buen policía es pasar lo más desapercibido posible en su barrio, en su casa, entre sus vecinos, quienes les conocen como simples funcionarios, sin especificar el ministerio al cual pertenecen. A mi entender, un policía de barrio nos debe conocer y nosotros a él como vecino. En cambio, los que sí vemos son a la Policía Municipal sancionando coches mal aparcados. Ahí sí que ponen esmero, y las grúas se afanan en retirar vehículos de la calzada, pues de alguna u otra forma se cobrarán los servicios. Sin embargo, a escasos metros del lugar donde un agente impone una multa, una persona adulta es asaltada al salir del cajero automático. Por favor, que se animen de verdad a tirar los edificios no valiosos ni catalogados dentro de los cuarteles. Es lamentable ver a personas de cualquier condición entrar a comprar su ración de droga.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de mayo de 1998