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La segunda colección del mundo de arte "naïf" se instala en el Alt Empordà

El coleccionista francés de arte naïf y empresario de cosmética Albert Laporte ha hallado en el edificio modernista de El Molí de la Torre, en la planicie ampurdanesa de El Far d"Empordà, un techo ideal bajo el que hacer florecer su viejo sueño: un cautivador Museo de Arte Naïf en el que exponer su colección, la segunda del mundo en cantidad y calidad.

Laporte desea que el museo, una iniciativa enteramente privada de un elevado coste que prefiere no revelar, sirva para admirar y divulgar este arte antiacadémico y espontáneo en el que el instinto suple a la técnica pictórica. Desde que hace 35 años compró su primer cuadro naïf en el marché aux puces de París, Albert Laporte ha recorrido los cinco continentes a la caza de autores reconocidos o anónimos de este arte pictórico. El coleccionista, que se ha convertido en uno de los máximos expertos, cuenta que los pintores naïves son a menudo tímidos y deploran el protagonismo. En algunos casos, comprarles un cuadro es como arrancarles una parte de sí mismos, afirma. En el catálogo de autores del Museo de Arte Naïf figuran, entre otros, un pastor de ovejas, un policía, un empleado de banca, un embajador, un entrenador de boxeo y un cosedor de sacos de azúcar en Maceio (Brasil). Buena parte de los pintores naïves son artistas de vocación tardía. El coleccionista muestra con orgullo las obras de uno de sus descubrimientos: Daniela San Julián, una anciana de 85 años de un pequeño pueblo de Extremadura. Las telas de estos autores desconocidos se exponen junto a las de cotizados pintores naïves como André Bauchant o Raymond Riec, con obras en el museo del Louvre. Laporte afirma que el arte naïf no es patrimonio de la pintura, y para demostrarlo dedica una parte de su museo a la escultura. También piensa promover recitales poéticos y sesiones de cine. Las tres plantas del edificio pintado de un luminoso tostado, con casi 1.500 metros cuadrados de superficie, sus idílicos jardines exteriores, y la próxima inauguración de talleres pictóricos y un lago artificial configuran un entorno en el que pervive la magia del mundo naïf. El museo cuenta con una librería, una cafetería y una galería donde pintores naïves -famosos o desconocidos- podrán exponer sus obras y venderlas. El museo se abrirá el 15 de mayo; el precio de la entrada se ha fijado en 600 pesetas y el horario de apertura será de 10.00 a 19.00, todos los días de la semana. Laporte, casado con la vallisoletana Ana Pérez, que dirigirá el museo, eligió el Alt Empordà para acoger su colección por el gran atractivo turístico de la zona y porque alberga uno de los museos más visitados de España, el Teatro-Museo Dalí de Figueres. Precisamente, un Salvador Dalí adolescente frecuentó El Molí de la Torre cuando era propiedad de la familia de músicos y pintores Pitxot. En su Vida secreta, el genio surrealista describe su primera visita al caserío: "Me impresionó como un lugar mágico, estaba hecho adrede para la continuación de mi soñar y fantasear despierto". El joven artista pasó muchas horas pintando en lo alto de la torre. Laporte confía en captar una buena parte de los visitantes del Museo Dalí y asegura que los artistas naïves, puros, alegres y desnudos de cualquier intelectualidad, constituyen un perfecto contrapunto a las sarcásticas y complejas construcciones surrealistas del autor de El gran masturbador.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de mayo de 1998

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