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Duisenberg cederá a Trichet el mando del Banco Central en torno al 1 de enero del 2002

El reparto entre Duisemberg y Trichet tendrá carácter oficioso. Duisemberg se ha comprometido a dimitir al cabo de un plazo, aún indeterminado. Y es que el Tratado impide repartir oficialmente el mandato del presidente, que se previó largo -de ocho años- precisamente «para asegurar su independencia» del poder político, como recordó ayer el presidente de la Comisión, Jacques Santer. Lo más probable es que, en consecuencia, Trichet sea elegido después para un periodo completo de ocho años. Se salvarían así las formas. El principal fleco pendiente es el plazo en que Duisenberg debería dimitir. La propuesta aceptada por todos los negociadores -también por el afectado- lo fija en el 1 de enero del 2002, la simbólica fecha en que empezarán a circular billetes y monedas en euros. Sólo hay un discrepante, el primer ministro holandés, Wim Kok. El primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, y su colega británico, Tony Blair -presidente de turno, aunque juega de segundón en esta conspiración- fueron comisionados para convencerle de que ablandase su resistencia. Anoche Blair se entrevistaba con Kok. Presión combinada El segundo fleco es la posición que ostentará el gobernador francés durante el mandato de Duisenberg. Se apuesta por la vicepresidencia -cuyo plazo es de cuatro años- para que se ruede en el banco. Pero ahí el problema es jurídico. El Tratado establece que «ninguno de los mandatos será renovable», y así el vicepresidente no podría sustituir al presidente. Francia alega que se puede interpretar como una «no renovabilidad en su función inicial». Los juristas deberán emplearse a fondo. La fórmula ideada es la misma que surgió en la cumbre de Luxemburgo de diciembre pasado, a propuesta de Juncker. Pero hasta ahora Francia se había negado a aceptarla, exigiendo garantías suplementarias y alegando que cuando se decidió ubicar la sede del BCE en Francfort, Kohl pactó con François Miterrand que su primer jefe sería francés. La presión combinada de Kohl y de otros líderes, del Bundesbank, de la Comisión y del Parlamento Europeo, ha vencido finalmete sus resistencias. Sucedió en una reunión mantenida en el Elíseo por el presidente Chirac, el primer ministro Lionel Jospin y los ministros Hubert Védrine (Exteriores), Dominique Strauss-Kahn (Economía) y Pierre Moscovici (Asuntos Europeos). Moscovici salió declarando que «un reparto de facto del mandato sería una solución inteligente». Chirac y Jospin podrán capitalizar el compromiso. Fueron ellos -primero el presidente en la cumbre de Dublín en 1996 y luego ambos al proponer a Trichet el pasado 6 de noviembre- quienes pusieron un dique al «poder tecnocrático de los gobernadores». Los banqueros centrales, al proponerle como presidente del Instituto Monetario, su función actual, trataron de colarle también como cabeza del BCE. También Kok podrá vanagloriarse de haber colocado a su hombre. Su ministro de Finanzas, Gerrit Zalm, se hizo anoche el misterioso, pero confirmó indirectamente el pacto: «No puedo anunciar ninguna decisión, porque si doy información puedo dañar un posible acuerdo». « Habemus papa » , afirmó otro alto diplomático. «Hay buenas razones para llegar a un acuerdo mañana (por hoy)», apostilló el ministro francés de Economía, Dominique Strauss-Kahn. «Nada impide que Trichet ocupe otro puesto» en el directorio, añadió, confirmando así parte del contenido de uno de los elementos aún litigiosos. El primer presidente del BCE, Wim Duisenberg, fue el candidato mejor colocado para el cargo desde el primer momento, tanto porque encabezaba el Instituto Monetario Europeo como por su conocida línea ortodoxa, muy cercana a la del Bundesbank. Este economista de 63 años procede del Partido Socialista holandés. Fue ministro de Finanzas entre 1973 y 1977, cargo desde el que aplicó un programa keynesiano que disparó el déficit público holandés. Cuando accedió al puesto de gobernador del banco central de su país, ancló el florín al marco y se convirtió en un gran defensor de la ortodoxia monetaria. También milita en la ortodoxia Jean-Claude Trichet (54 años), quien ha desarrollado una amplia carrera con todos los Gobiernos desde la presidencia de Valery Giscard d'Estaing. Fue director de gabinete con el primer ministro Edouard Balladur, director del Tesoro con el socialista Pierre Beregovoy y gobernador desde 1993, en la era Mitterrand. Tiene malas relaciones con Chirac, quien llegó a acusarle de «estar a las órdenes del Bundesbank». El español Eugenio Domingo Solans (53 años), al que se da como seguro vocal en el directorio del BCE, es un economista liberal. Catedrático de Economía Aplicada, es desde 1994 miembro del Consejo del Banco de España. También fue consejero del Banco Zaragozano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de mayo de 1998

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