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Cartas al director
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

Se educa con el ejemplo

Iba yo el Domingo Santo de mi pueblo hacia Gijón cuando, al pasar por Salas y girar en una curva, conocida por su poca visibilidad, nos encontramos con un coche de los que dicen «hacerlo todo por la patria», aparcado en línea continua en mitad de dicha curva, habiendo una explanada justo enfrente. Imprudencia que, sin duda alguna, pudo haber dado lugar a un accidente, esos que previenen en la tele diciendo: «Las imprudencias se pagan cada vez más». ¡Y tanto! El caso es que la persona que conducía el coche en el que yo iba era una madre diabética acompañada de su bebé de seis meses. La conductora necesitaba inyectarse insulina, pero esperaba encontrar una recta o una zona donde poder aparcar. Es bien sabido por todos que en tierras asturianas es muy difícil encontrar rectas, por lo que la mujer se iba poniendo nerviosa. A todo esto, el bebé comenzó a llorar sin consuelo alguno y parecía quedarse semiinconsciente a causa del llamado «espasmo del llanto». Cualquiera puede comprender la situación de la madre al ver a su hijo. Lo primero que le pasó por la cabeza fue aparcar, desafortunadamente en una curva, y auxiliar a su bebé. En ese momento, los dos guardias civiles que minutos antes estaban en situación similar sin causa aparente se paran paralelos al coche y preguntan si ha pasado algo. Tras explicarlo y circular todos tranquilamente, parecen pensárselo mejor y minutos después paran el coche y multan a la mujer con 25 papeles del color del traje de los guardias. Cuando la madre alude a la anterior situación de los guardias en la otra curva, el más canoso de los guardias tuvo la desfachatez de contestar: «Eso es distinto». A lo que mi amiga respondió: «Claro, porque usted es la autoridad y yo una pringada». La sonrisa del canoso guardia civil era evidente. No sé si deducen una moraleja de todo esto. Yo, sí. Y es que se educa con el ejemplo. En fin, las imprudencias se pagan, mi amiga ya ha pagado, pero, ¿todos por igual?- . .

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