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Diplomacia de la lucha libre

EE UU acepta el reto iraní e inicia contactos culturales para mejorar las relaciones

Con escasa publicidad el presidente de EE UU, Bill Clinton, recibió el pasado jueves al equipo nacional de lucha libre en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Más allá de lo deportivo, la cita tenía una gran relevancia diplomática: Washington considera que la participación de los luchadores estadounidenses en un torneo celebrado en Teherán el mes pasado es un paso importante en la normalización de relaciones con Irán. El portavoz de la Casa Blanca, Mike McCurry, dijo anteayer que los luchadores representan "un intercambio entre personas que puede ser atípico en términos de diplomacia pero que es muy importante en cuanto a la perspectiva y la esperanza de mejores relaciones entre los pueblos".El viaje de los cinco luchadores estadounidenses a Teherán a finales de febrero supuso un nuevo paso en la atmósfera de reanudación de relaciones, al menos en un plano cultural o simbólico, entre Irán y EEUU, que no tienen lazos diplomáticos desde hace dos décadas. Un grupo de interés llamado En Busca de un Terreno Común, dedicado a promocionar las relaciones bilaterales entre ambos países, organizó el viaje del equipo estadounidense a Irán y también fue recibido por Clinton el jueves.

La ocasión se ha comparado con la diplomacia de ping-pong de la Administración Nixon: en 1971, jugadores de EE UU viajaron a China para una cita de ese deporte, e inmediatamente después Kissinger y Nixon reanudaron el diálogo y las relaciones diplomáticas con Pekín.

Además, el más reciente evento deportivo en Teherán fue quizá la primera ocasión en mucho tiempo que la bandera de EE UU se exhibió públicamente en Irán sin que fuera quemada o pisoteada. Después de la entrevista de los luchadores con Clinton, McCurry dijo que este tipo de intercambios son "útiles" pero que EE UU seguirá debatiendo sus "serias y profundas diferencias" con Irán a través de las vías oficiales.

El pasado 7 de enero, el presidente iraní, Mohamed Jatamí, concedió una entrevista a la cadena de televisión estadounidense CNN, en la que defendió la apertura de contactos culturales, pidió disculpas por la crisis de los rehenes en 1979 y, en vez de referirse a EE UU como "el Gran Satán", halagó la tolerancia religiosa de la "civilización estadounidense".

En febrero, el embajador de EE UU ante la ONU, Bill Richardson, estrechó la mano al ministro de Asuntos Exteriores iraní, Kamal Jarrazi, el contacto a más alto nivel entre ambos países desde 1979. Ahora, después del torneo de lucha, en el que participaron 16 países -entre ellos España-, EE UU e Irán se encuentran en el mismo grupo de los mundiales de fútbol que se celebrarán en Francia en verano.

En el torneo de Teherán, donde los luchadores estadounidenses ganaron nueve de los doce combates que libraron contra los iraníes, los miembros de ambos equipos se abrazaron efusivamente y posaron juntos en actitud conciliadora. Según las crónicas de los eventos, que en la prensa de EE UU fueron publicadas en la sección de internacional, el público iraní respondía con aplausos cuando se izaba la bandera estadounidense. El luchador norteamericano Zeke Jones también ondeó una bandera iraní.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de marzo de 1998