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Fallecidos en prisión

La relación de malos tratos a los presos incluye la muerte de ocho reclusos en la cárcel, en lugar de en sus domicilios o en centros sanitarios, debido a irregularidades en la tramitación de órdenes judiciales para su excarcelación. Las denuncias atribuyen estos hechos a la no concesión a tiempo del permiso judicial para morir en familia, a pesar de ser enfermos terminales, o a negligencia de los médicos o funcionarios.

Una de estas muertes se produjo en Nanclares de Oca (Alava). Según la denuncia, un preso con problemas crónicos de corazón comunicó a un funcionario su necesidad de asistencia médica, pero se le indicó que echara una instancia. Murió esa misma tarde.

Un preso de la cárcel de Daroca (Zaragoza), donde recibía el tratamiento adecuado a los drogodependientes, fue conducido al Centro Penitenciario de Huesca, donde no existía tal tratamiento. Las solicitudes de traslado a Daroca no fueron contestadas por la Administración Penitenciaria. Finalmente, tras aplicársele unas medidas antisuicidio, como esposarle a la cama y despertarle por la noche cada hora, muere ahorcado en la cárcel zaragozana de Torrero mientras cumplía una sanción en una celda de aislamiento.

La causa oficial de la muerte de un preso de Martutene (San Sebastián) fue una ingestión masiva de barbitúricos. Sin embargo, los médicos se negaron a certificarlo así, por lo que se le practicó la autopsia, que reveló diversas lesiones en la espalda, cuello y muslos, consecuencia de golpes recibidos. Unos años antes de la muerte, la madre de este preso había denunciado malos tratos a su hijo, pero la denuncia fue archivada.

En la cárcel asturiana de Villabona murió un preso enfermo de sida. Según una abogada, Instituciones Penitenciarias denegó la libertad porque evolucionaba favorablemente; días después murió.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de marzo de 1998