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'Gusanitos' para 'Lucky'

Unos niños de Fuentidueña acogen a un perro en su clase para evitar que vaya a la perrera

Lucky ya tiene unos ocho años pero lleva sólo tres meses acudiendo a clase. Eso sí, todos los días es el primero en llegar al colegio y cuando el resto de sus compañeros entra en el aula, él ya ocupa su puesto. Lucky es un pequeño perro callejero, al que los padres de los niños del colegio público Virgen de Alarilla, de Fuentidueña (1.400 habitantes), quieren llevar a la perrera. Alguien pondría allí fin a su vida. Temen que el animal contagie alguna enfermedad a los niños.Pero los chavales se niegan a que el can muera. Por eso llevan varios días buscando a algún vecino que quiera hacerse cargo de Lucky. "No queremos que lo maten. Es muy bueno, y le queremos. Nunca ladra a los niños. A los mayores sí, porque le han pegado mucho", decía ayer Rocío Camacho, de 11 años.

Lucky apareció en la vida de estos niños hace unos tres meses. María Teresa, de 11 años, lo recuerda: "Estábamos todos en la fuente Salobre, junto a la iglesia, cuando vimos solo al perrito. Nos pusimos a jugar con él. Se vino con nosotros hasta el cole, y desde entonces nos sigue. Se mete en clase y no molesta a nadie. No se hace ni pis ni caca. Seguro que eso lo aprendió de sus anteriores dueños".

La voz de que un perro entra todos los. días en el colegio se corrió pronto por el pueblo. Los padres reclamaron entonces que el animal abandonase el-centro.

Juan Antonio de las Heras, tutor de los niños, se vio entre la espada y la pared. De un lado, quiere transmitir a los niños el cariño hacia los animales; de otro, reconoce que el perro no puede estar en clase:"No puedo enseñarles la asignatura de Conocimiento del Medio y permitir que maten al animal. Eso no el lógico ni bueno para los niños"De las Heras les propuso entonces buscarle un dueño: se lanzaron en grupos por las calles del pueblo a la búsqueda de un propietario. De momento no han tenido éxito. "Hubo uno que nos dijo que sí, pero cambió de opinión porque su mujer se ha enfadado mucho", gritó Juan.

"Estamos dispuestos a vacunarlo para que no se ponga mafito. Le llevaríamos a Villarejo [distante unos diez kilómetros] porque aquí no hay veterinario", irrumpió Javier. "Todos los días le damos gusanitos y galletas. Tenemos dos bolsas muy grandes. A veces le traemos salchichas y leche de casa. Le queremos mucho. Pero he visto a gente mayor pegarle", añade.

Por eso, los niños escribieron a todos los quintos del pueblo pidiéndoles que no maltratasen a los animales en su fiesta de despedida."Los quintos cumplieron. Ahora sólo hace falta encontrar una casa para Lucky. Estos chavales tan solidarios se merecen que la historia acabe bien", termina el tutor. Y los niños asienten.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de marzo de 1998