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La fiscal acusa a los clientes del Arny de ser la clave de la existencia de locales para la prostitución de los menores

El caso Arny entra en su recta final. La polémica sobre la responsabilidad penal de los clientes del local está resuelta según cree la fiscal del caso, Marta Valcárcel, que en su informe final aseguró que sin ellos no habría locales como el Arny, en el que se prostituían menores. La fiscal sostuvo que el tribunal debe valorar también las declaraciones que los menores hicieron durante la instrucción del caso y no sólo las de la vista oral. En ésta, varios menores se retractaron de sus acusaciones.

Durante su exposición ante la Sección Tercera de la Audiencia de Sevilla, la fiscal se refirió a la reciente sentencia del Tribunal Supremo que absuelve a cinco hombres del delito de prostitución con menores (véase EL PAÍS del 1 de febrero) en Valencia. Esta sentencia, que era ayer objeto de deseo por varios abogados defensores del caso Arny, anula una condena contra cinco hombres que habían pagado por tener relaciones con niñas de entre 15 y 17 años por entender que los enjuiciados no atentaron contra la libertad sexual de las menores. Este fallo, según la fiscal, "altera completamente la línea que hasta ahora mantenía el Supremo desde 1989". "Ésta sólo es una sentencia y antes de ella hubo muchísimas más en línea contraria".

La representante del Ministerio Público añadió que esta sentencia "no respeta" el Convenio Internacional de los Derechos de los Niños, suscrito por España, que obliga a los estados "a proteger a los menores". La fiscal afirmó ayer que el dueño del local, Carlos Saldaña, se encargó de poner el establecimiento y de reclutar a los menores para que se prostituyeran en el establecimiento. Y que los camareros eran conscientes de que ahí se prostituían menores, que cobraban una parte de los servicios que éstos hacían al facilitarles sábanas y que les instruían sobre los gustos de los clientes. En ese eslabón, según la fiscal, los clientes juegan un papel fundamental, ya que sin ellos lugares como el Arny no tendrían sentido. "Sin ellos todo lo anterior es inútil", dijo al añadir que [los clientes] son los que ponen el último grano de arena".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de febrero de 1998