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Entrevista:

"La inmigración ilegal no se arregla con alambradas"

La inmigración ilegal será, según José Ramón Ónega, el "gran problema del siglo XXI". Para encararlo pide un pacto de Estado como el existente contra ETA.

De él depende en buena parte que un inmigrante se quede o no en España después de recorrer miles de kilómetros, ilusión y hambre. "Y eso me crea verdaderos problemas de conciencia", admite José Ramón Ónega López, nacido en Mosteiro-Pol (Lugo) hace 58 años. "Europa debe apostar sin reparos al desarrollo de África", asegura; "sólo así se puede mitigar el problema". El director general de Política Interior afirma que, junto al terrorismo, la inmigración ilegal será el gran reto de España en el siglo XXI.Pregunta. El Gobierno se está gastando mucho dinero en impermeabilizar las fronteras de Ceuta y Melilla y en equipar a las fuerzas de seguridad -incluso al Ejército- para evitar la entrada clandestina de personas. ¿Cree que es la solución al problema de la inmigración?

Respuesta. La política, migratoria no puede basarse nunca en levantar obstáculos físicos. Si tenemos en cuenta que el gran problema del futuro es la inmigración, es absurdo pensar que se puede solucionar con alambradas. Pero a nuestro Sur está África, un continente con 700 millones de habitantes. Y, dada su situación -hambre, calamidades naturales, crisis políticas, guerras ... ; todas las penurias lo azotan-, es obvio que el futuro va a ser dramático en cuanto que va a haber un desplazamiento masivo de gente. Hay que valorar otro factor: África tiene en Europa su paradigma de bienestar. Teniendo todo esto en cuenta, está claro por dónde va a pasar la gran corriente migratoria del siglo XXI.

P. Las encuestas dicen que España no es racista.

R. Y es verdad.

P. ¿Es verdad o el número de inmigrantes es aún bajo para que seamos racistas?

R. Las dos cosas. De una parte, es cierto que España tiene todavía muchos menos inmigrantes que el resto de la Unión Europea. Aquí hay unos 600.000 inmigrantes legales.

P. ¿Y cuántos están de forma clandestina?

R. Son, muy pocos, porque no se ha producido ninguna entrada masiva. No existe esa masa de desplazados como en el caso de Italia con los barcos de albaneses.

P. ¿La situación de Argelia no puede provocar un desplazamiento parecido hacia nuestras costas?

R. Si la situación -que hoy es dramática y muy grave- se convirtiera en desesperada, mañana tendríamos cinco millones de argelinos en la frontera.

P. ¿Es ese entonces el flanco que más preocupa?

R. Sin duda ninguna. Es un tema que preocupa mucho en toda la Unión Europea. De ahí, que se haya desplazado allí una comisión de parlamentarios. Toda crisis en el Mediterráneo afecta de manera directa a Europa.

P. Al blindar Ceuta y Melilla, ¿no se está empujando aún más a los inmigrantes a la aventura suicida de las pateras?

R. Es obvio que el futuro está marcado por la insistencia en la entrada en Occidente. Para eso los inmigrantes utilizarán todos los medios. Incluso con riesgo de su propia vida. Es terrible y es dramático. Pero todos los países que sufren el problema de la inmigración tienen este tipo de dispositivos. Estados Unidos tiene cientos de kilómetros impermeabilizados.

P. ¿Da la sensación de que se está trasladando el muro de Berlín a nuestro Sur?

R. Ni mucho menos. Es lo contrario a nuestra sensibilidad. Pero sí tenemos que controlar los flujos migratorios, ordenarlos, sistematizarlos. Todo Estado tiene derecho a controlar sus fronteras.Y, en segundo término, también hay una necesidad obligada de saber los que nos entran. Sólo así les podemos ayudar.

P. ¿Y cómo se resuelve esa disyuntiva: implacables en las fronteras y sensibles con los que consiguen burlar la vigilancia?

R. Hay que tener en cuenta una cosa fundamental: la emigración no es un mal en sí. Pero si no se controla, se desborda.

P. ¿En qué se está gastando más dinero: en evitar la inmigración o en adaptarla, en ayudarla?

R. Más en acogida, sin lugar a dudas. Parte de la inversión en Ceuta y Melilla no es para impedir la entrada. Vamos a mejorar las condiciones de las fronteras. ¿Cómo podemos tener a la Guardia Civil y a la policía en sitios inmundos?

P. ¿Cómo concibe España en estos momentos la política migratoria?

R. Sólo debemos acoger a los que podamos integrar. Si no, les estamos condenando a la marginación. De nada nos sirve decir: 'Que vengan mañana 500.000 inmigrantes'. Muy bien, ¿y dónde los metemos?

P. ¿Hay algún inmigrante que le esté quitando el puesto de trabajo a un español?

R. Esa queja es falsa. O, más bien, indocumentada. Puedo afirmar rotundamente que en este momento ningún inmigrante quita trabajo -a ningún español. Es un argumento falso. El inmigrante viene para hacer lo que no quieren hacer los españoles: servicio doméstico, agricultura, ganadería ... ; trabajos duros.

P. ¿Se nos ha olvidado demasiado pronto que los españoles hace sólo unos años viajábamos a Europa con una maleta de cartón atada con una cuerda?

R. Sí, sí, sí. España ha pasado de ser un país de emigrantes a receptor de inmigración.

P. ¿Cuándo se produce exactamente esa quiebra?

R. Yo creo que a partir de los años 80... Mire, hay un baremo justísimo en este ministerio. Como no había inmigración, no existían siquiera mecanismos administrativos. Primero, se creó una sección; luego, un servicio, una dirección general...

P. ¿Haría falta entonces un ministerio de la Emigración?

R. Bueno... Yo no me atrevería a decir tanto. Pero sí un órgano superior, sí.

P. ¿Qué se está haciendo con las mafias dedicadas al tráfico ilegal de hombres?

R. Esto tiene más importancia de lo que muchas veces se dice. Gran parte de los inmigrantes llegan apoyados por redes organizadas. Y esto es lógico además: un inmigrante que tiene que atravesar 2.000 kilómetros de territorio africano necesita un apoyo. Pero las mafias les siguen extorsionando una vez que entran, exigiéndoles un canon o una cantidad de dinero mensual. Eso todavía es más sensible cuando se producen con los menores o con las mujeres, obligadas a prostituirse para pagar tan alta renta.

P. Y ante eso...

R. Ante eso no existe otra salida que una lucha despiadada y sin cuartel contra las mafias y el tráfico organizado. Ahí no hay contemplaciones.

P. Los brotes de racismo, además de la cuestión del trabajo, se refieren constantemente al inmigrante como delincuente...

R. En ningún caso. El inmigrante es un ser desgraciado. Cuando un extranjero delinque, es porque no puede más. Nosotros no vamos contra el inmigrante, sino contra la mafia que les engaña con el paraíso.

P. ¿Y esas mafias encuentran mucha ayuda en España?

R. Es obvio que sí. Se observa además una cierta escalada. No digo que haya grandes multinacionales del tráfico de hombres, pero todo delito está conectado. El afán de lucro no tiene límites y, por tanto, se empieza con el tráfico de personas y se acaba con la droga y el crimen.

P. Algunos inmigrantes legales se quejan de que los clandestinos tienen a veces más suerte.

R. Y tienen cierta razón. Tratamos mejor al inmigrante clandestino que al que lealmente llega a nuestras fronteras y pide trabajo. Seamos claros. A éste, con la ley en la mano, lo expulsamos; y, en cambio, al clandestino, al que puede haber destruido sus papeles por indicación de las mafias, lo acogemos a veces. No es justo, no.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 1998

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