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TRIBUNA

Peor contra diez

Una jugada. Una genialidad de Caminero pudo cambiar el rumbo del partido si no es por el error de Molina en el empate. En una sola jugada dejó al Celta con 10 y sacó un penalti que fue gol.Con criterio. El equipo vigués llevaba la iniciativa, pero cuando perdía la pelota los problemas le llegaban por el centro de la defensa (por ahí llegó el penalti). Tras la expulsión, Irureta colocó a Mazinho como cuarto defensa. Y apoyado en su buen criterio futbolístico -y a pesar de la inferioridad numérica-, el Celta consiguió empatar el partido.

Penoso. Cuanta más superioridad peor jugó el Atlético. No supo concretar las ocasiones en el comienzo de la segunda parte y luego con dos más ni las creó. La lesión de Juninho fue determinante. Las ideas empezaron a brillar por su ausencia y el juego adquirió una lentitud exasperante. Ni velocidad ni precisión.

Acusó la inferioridad. Tras el descanso, el Celta comenzó a acusar su inferioridad numérica en el centro del campo. Perdió la iniciativa y disminuyó su posesión del balón. Se vio obligado a ceder terreno para jugar más arropado. Sus posibilidades ofensivas se limitaban a las acciones individuales de Móstovoi y Revivo y a la mayor presencia de Karpin.

El árbitro. Combinó aciertos y errores. Acertó en el penalti y la consiguiente expulsión, pero a partir de ahí adoleció de falta de personalidad. Trasladó a su asistente la responsabilidad de la decisión más clara del partido; e incomprensiblemente dejó en el terreno de juego a Michel Salgado, compensando su error con la absurda expulsión de Ito.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 1998