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Tribuna:COMER, BEBER, VIVIR FELICIANO FIDALGO

Tabernas vino, tascas, restaurantes

El mes de enero forma parte de la mitología de todos los desmanes, religiones y otros, con el mote de "la cuesta de enero". Pero estos días ya se entroniza un nuevo viacrucis, parece ser: "La cuesta de febrero"; así lo piensan los expertos que negocian y sirven en tabernas, tascas y similares; resulta que en febrero llega la ho'a "de la Visa" con los sacrificios a que fue sometida la tarjeta milagrosa durante las últimas fiestas navideñas que, parece ser también, ha desbordado todos los límites de la moderación debido, seguramente, a que los gobernantes del día han inventado el lema adormecedor y bastante ridículo de que "España va bien".Pues hay que pechar con la cuesta de febrero, en lugares y sitios que valen la pena, y las cuestas, por muy empinadas que sean. Por ejemplo: hay que ir a la Taberna del Sumiller (teléfono 359 85 95), una de las pocas del género que se preocupan de glorificar el vino bueno de la única forma que se puede hacer, es decir, ilustrando sus almacenes y estanterías con botellas de todos los vinos de España y muchos del extranjero que merecen la pena; y se puede comer el plato del día al almuerzo, junto a un público fetén que viene a comer o sólo a tomar aperitivos desde cualquier rincón de Madrid.

Es posible sentarse en un restaurante con todas las apariencias de tasca-taberna que elabora los mejores callos de Madrid en la barriada de Cuatro Caminos, y es célebre porque se llama San Mamés (teléfono 534 50 65) y, para acompañar los callos u otras finuras, conserva en la bodega vinos gloriosos, joyas hispánicas y, por capricho, también de Australia, Francia... y otros vinos del mundo. Y como tasca-restaurante, donde se come como en casa y se beben a su precio vinos de todas las viñas de España, no hay que pasar de Casa Perico (teléfono 5319193), aunque por la noche haya que adentrarse en los misterios del Madrid nocturno de las espaldas de la Gran Vía madrileña, como la calle de la Ballesta.

Hace medio siglo, o algo así, que La Taberna de Antonio Sánchez (teléfono 539 78 26) ejerce en una de las puertas que, en Madrid, conducen al barrio de Lavapiés. Antonio Sánchez fue torero de nombre y pintor. Y fundó su tasca y la decoró con sus pinturas y con su gusto. Y así sigue, tal cual. Es un museo en realidad, aunque se sirve rabo de toro y olla gitana, por ejemplo.

Belarmino (teléfono 575 0194) no es tasca, ni taberna, tal como se entienden estos apelativos genéricos. Es restaurante, pero entraña todas las trazas de un lugar cómodo, agradable, donde se come y se bebe lo tradicional por el dinero que el cliente desee gastarse.

No hay cuesta de enero, para quien así lo quiera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de enero de 1998