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Tribuna:VISTO / OÍDO

Monigotes

Volvíamos, de madrugada, por los viejos y buenos barrios; dejamos a Garci en su casa del Retiro, desde el suburbio carísimo de Umbral donde cenamos -rica pitanza" , con la alta clase in telectual -Femán-Gomez, Cándido "y las chicas", dice, no sé si con corrección política, Umbral-: íbamos por Alfonso XII, Cánovas y Prado: "Adiós, Madrid; adiós, tu Prado y fuentes / que manan néctar, llueven ambrosía", dijo Cervantes y lo cito sin mirar, como los trapecistas insaculados de mi infancia -ah, insaculado no es una postura especial para vídeo clandestino, sino metido en un saco-, y veía lo que pudo ser esta ciudad: qué Madrid se ha perdido la historia. El "poblachón manchego" de otros tiempos había ido afrancesándose, enriqueciéndose, embelleciéndose, cuando vino la guerra, le cercó, le bombardeó y, en fin, le atracó. No fueron tanto los estallidos y las metrallas de los del quince y medio, sino cómo fue entre gado a la horda de contra tistas, maestros de obras, especuladores, que seguían al Ejército: no tenían cariño a la ciudad, que fue sólo dinero fácil. Robo a largo plazo: cuando todo se desmorona se, ya nadie se acordaría de los alibabás. Adiós, Madrid. Fue una ciudad más invadida que otras que también perdían: Barcelona o Valencia, por ejemplo. Si todo hubiese seguido como al empezar el siglo de la Gran Vía, ésta sería una gran ciudad; ahora es una ciudad grande, con "beaux quartiers", pero también con horrores, estrecheces, ventanucos. La movida iba difundiéndose por todo el centro, por donde brillaban los destellos azulados de los coches policiales: la nueva España vigila a sus hijos: que no beban en las calles, que los locales se cierren a sus horas, que no se repartan papelinas. Cuánto me jor este enjambre que vaga atónito que los ridículos muñecos de ventrílocuo de Baqueira, con sus gorros de gnomo, trastabillando por la nieve. El poder es centrípeto. Una cosa es el centra lismo, que es una imposición administrativa, y otra esta fuerza de los que corren detrás de Vicente ("donde va la gente") para el chisme. Cerrad la corte, que se rehará sola. Echad al cortesano, que volverá al galope, como se decía de lo natural cuan do las vanguardias. Allí es taban -nuevos ricos, nuevos torpes-, comentando sobre si iría o no el conde Berenguer (a Ramón I Berenguer le llamaron "el curvo"; y pasó a la historia por ser el primer independiente de Barcelona. No hay datos de que acudiese a la nieve). (Ah, dije ayer "miré las ruinas de la patria mía" por "miré los muros...").

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de enero de 1998