Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:VISTO / OÍDO

Desacato

El desacato era un delito que cometían quienes estaban contra la reverencia por lo sagrado, contra el respeto a los superiores o calumniando, injuriando, insultando o amenazando a una autoridad en el ejercicio de sus funciones. Los periodistas sabemos algo de esto: estábamos siempre expuestos a ello por una sola letra de más, sobre todo en el tiempo malo de la dictadura.En una sociedad abierta -lejos de mí la tentación de decir- "libre"- no puede existir más que como los delitos que se cometan contra el respeto debido a cualquier otra persona. Se aplicaba el juicio por desacato, sobre todo, a quienes se manifestaban contra los jueces y sus sentencias. Se creaba un equívoco: acatar es obedecer, y todo el mundo está obligado a acatar "por imperativo legal", que decían los diputados de HB -una redundancia: las promesas o juramentos de cargo son imperativos legales para todos, y no sólo para ellos-; pero el desacato entendido de esa manera -por los códigos es un delito de opinión, y en democracia esos delitos no existen. "El pensamiento no delinque", era una máxima axiomática: la expresión lícita de ese pensamiento no delinque tampoco.

Se abolió el desacato. Aún queda otro artificio que borrar, que es el de la inmunidad parlamentaria. Pero ésa es otra historia. Un juez no es una autoridad para mí: excepto si yo soy el sujeto de su ejercicio. Muchos de ellos no han quedado contentos, y piden su restauración. Ya están consiguiendo que otro avance de la sociedad, el jurado, se limite: quieren que desaparezca. El Gobierno les apoya hasta donde se atreve. Las razones de los jueces están dentro de la lógica humana: no quieren que nadie les ataque. Tampoco querría yo: me gustaría que nadie pudiera decir nada, excepto elogios, de un gacetillero en el ejercicio de sus funciones.

La democracia es molesta para quienes han adquirido un puesto destacado. Obispos, magistrados, generales o ministros. Aparte de su ideología: pueden ser de derechas o de izquierdas. Aunque si son de la verdadera izquierda no se considerarán nunca intocables. Por verdadera izquierda quiero decir la pensante; no ya la de clase, sino la de que desde clases cómodas pueden encontrar una verdad objetiva. Rebelarse contra quien no le deja comer a uno es algo más que una izquierda ' o que cualquier otro pensamiento: es una obligación. Hacerlo comiendo a diario, por los que no pueden comer, es una actitud de la izquierda pensante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de noviembre de 1997