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Rusia y Japón firmarán un tratado de paz en el 2000 que pondrá fin a medio siglo de hostilidades

El presidente de Rusia, Borís Yeltsin, y el primer ministro de Japón, Ryutaro Hashimoto, acordaron ayer que ambos países enterrarán definitivamente el hacha de guerra en el año 2000 y firmarán un tratado oficial de paz que formalmente pondrá fin a las hostilidades declaradas en la III Guerra Mundial. Esto significa que los expertos tienen dos años para encontrar una solución al problema territorial de las Kuriles del Sur, islas que pertenecieron a Japón hasta 1945 y cuya devolución exige Tokio. Las negociaciones sobre el futuro tratado de paz se basarán en la Declaración de Tokio de 1993, según anunciaron ayer Yeltsin y Hashimoto al final de su cumbre sin corbatas celebrada a orillas del río siberiano Yeniséi.

Esta decisión significa, aparente mente, que Rusia estaría dipuesta a devolver al menos dos de las islas en discusión. "Debemos aprender a comprender a Japón y a los japoneses. Debemos comprender su carácter, si queremos colaborar con éxito con ellos", declaró ayer Yeltsin. El líder ruso hizo un mea culpa y reconoció que la atracción que Rusia siente por Occidente ha hecho descuidar las relaciones con Oriente y particularmente con Japón. Al mismo tiempo, Yeltsin subrayó que el acercamiento actual entre ambos países no está dirigido contra terceras naciones y dijo que se esforzaría para que "nadie se sienta ofendido ni preocupado" por esta nueva realidad política.El problema que enfrenta a Moscú y Tokio desde hace ya más de medio siglo es un grupo de islas conocidas como las Kuriles del Sur en Rusia y los Territorios del Norte en Japón.

Las islas en discusión son las de Habonai, Shikotan, Etorofu (lturup en ruso) y Kunashiri (Kunashir en ruso), que pertenecieron a Japón desde 1875 a 1945 y que en la Conferencia de Yalta pasaron a poder de Rusia. En 1956, Nikita Jruschov, líder soviético en ese momento, acordó con los japoneses que les devolvería las islas Habonal y Shikotan, pero esto nunca llegó a concretarse.

La Declaración de Tokio de 1993, firmada por Yeltsin y el entonces primer ministro Morihiro Hosokawa y que debe servir de punto de partida para el futuro tratado, dice que el problema de las Kuriles lo resolverán "basándose en hechos históricos y jurídicos, en los documentos acordados [anteriormente] entre ambos países, así como en los principios de la legitimidad y la justicia". Esto permite decir a algunos expertos que Rusia, de acuerdo con el documento firmado por Jruschov, debe entregar a Japón al menos dos islas del archipiélago.

Sin embargo, hay muchos que se oponen a esta solución, en primer lugar los nacionalistas, que consideran que las islas -todas- son rusas, ya que fueron descubiertas por rusos. Además, argumentan, Japón renunció a todos sus derechos sobre las Kuriles del Sur cuando firmó el Tratado de San Francisco de 1951. Los militares también se oponen, ya que aseguran que eso debilitaría a la Flota del Pacífico rusa.

Pero no todos se oponen a satisfacer las aspiraciones de Japón y hay rusos que piensan que lo justo sería devolver esos territorios. Según cuenta Viacheslav Kóstikov, el ex secretario de prensa de Yeltsin, cuando el líder ruso estuvo en EE UU, preguntó al escritor Alexandr Solzhenitsin, que aún no había. regresado de su destierro, qué había que hacer con esas islas. Solzhenitsin, según Kóstikov, respondió: "Las islas no nos pertenecen. Hay que devolverlas".

Oposición

Sea como fuere, la decisión de terminar con el contencioso territorial encontrará opositores, sobre todo en Rusia, y esto es algo que Yeltsin comprende muy bien. "Habrá gente que nos critique. La decisión adoptada puede no gustar, pero es una decisión presidencial", sentenció Yeltsin, que termina su mandato el mismo año que se ha puesto como plazo para firmar el tratado de paz. Esto significa que en el posible acuerdo a que se llegue influirá el hecho de si Yeltsin se presentará a la reelección una vez más o si optará por no competir en los comicios, como ha prometido. En este último caso, bien podrá hacer un regalo a los japoneses sin preocuparse de los votos que pueda perder por ello.También puede haber un compromiso que, según algunos expertos, consistiría en declarar una zona económica especial en las islas, que en 10 años pasarían a regirse por reglas acordadas por la comunidad internacional; al mismo tiempo, podría crearse un Gobierno conjunto con representantes japoneses y rusos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de noviembre de 1997

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