Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

Pedregal

Un día nuestro planeta se convertirá en un pedregal absoluto lo mismo que Marte, pero gracias a cierta divinidad eso sucederá dentro de miles de millones de años. Desaparecido el hombre de la faz de la Tierra, en ella reinarán todavía los lagartos, los berberechos, el bacilo de Koch y otras criaturas que resistan hasta el final la adversidad del universo. Tal vez el último superviviente será una bacteria semejante a aquella mediante la cual se inició la vida en una charca africana. El tiempo no existe. Entre estas dos bacterias hermanas, el tiempo se habrá constreñido en un punto inmaterial en cuyo interior se hallará toda la historia de la humanidad como un episodio secundario de la bioquímica. A pesar de esto, hay gente que saca el pecho y dice: usted no sabe con quién está hablando. Antes de que la materia se desintegre en las infinitas tinieblas se sucederán los días y las noches durante otros miles de millones de años sobre este absoluto pedregal sin que en él aliente un solo microbio. Se habrá conseguido la asepsia total, puesto que todas las almas. en ese momento estarán navegando por otras galaxias en busca de nuevos cuerpos donde transmigrar y en ellos esta vez serán gallos, escarabajos, oficinistas,. salmonetes o registradores de la propiedad, según los méritos que hayan cosechado en la vida anterior. Mientras tanto, por encima del polvo yerto de la Tierra vagarán las emociones que los humanos crearon. En un espacio sin una sola bacteria pervivirá el amor de Beatriz, la duda de Hamlet, el idealismo de Don Quijote, el esfuerzo de Ulises, la imagen de La Primavera de Botticelli, el sonido de algunos versos de Milton. También seguirá adherida a la corteza terrestre la acción del cuchillo de Jack el Destripador, las cenizas del incendio de, la Biblioteca de Alejandría, las sombras de la matanzas en la Noche de San Valentín, el humo de los hornos crematorios y todas las esmeraldas del Museo de Constantinopla. Aunque el mundo termine, nadie podrá decir que esa belleza e. ignominia no hayan existido y tú con ellas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de noviembre de 1997