El fin de la buena vida
Siguiendo la máxima de que en política la forma es tan importante como el fondo, la alianza opositora ha decidido meter en cintura a los diputados y restaurar la deteriorada imagen del poder Legislativo en la opinión pública. El PRI se ha unido a la empresa. De ahora en adelante, sus señorías no sólo deberán madrugar más, para que las sesiones empiecen, puntualmente, a las 10 de la mañana. Además, su asistencia será rigurosamente vigilada. Los diputados absentistas sufrirán descuentos en su salario y quedarán expuestos a la "vergüenza pública".No habrá aumentos de sueldo (que ronda los 33.000 pesos, unas 500.000 pesetas), ni pagas extras por participar en comisiones de tra abajo, ni entrega indiscriminada le dietas de viaje y billetes de avión. Más que austeridad, se busca el buen ejemplo.
Los nuevos legisladores se disponen también a restringir el acceso a la Cámara, a veces más parecida a la Posada del Peine que a un honorable recinto legislativo. Se rata, dice el diputado Carlos Medina, de "dignificar" el hemiciclo, por el que han llegado a desfilar barrenderos huelguistas de Tabasco enseñando el trasero. La nueva Cámara aspira a ser sobre todo un centro de control democrático del Ejecutivo, no mero un apéndice del poder. El cambio exige disciplina. Algo a lo que nadie se opone. Y eso es ya una gran novedad.


























































