Criríticas en Italia a la actuación de Protección Civil en los terremotos

En tomo a 15.000 personas pasaron la noche de ayer en improvisadas tiendas de campaña o en automóviles ante el temor de nuevos temblores de tierra como los ocurridos el viernes en las regiones de Umbría y la Marcas en Italia central. Trastornada por la catástrofe que ha causado 11 muertos y más de un centenar de heridos, además de daños incalculables en el patrimonio artístico y en viviendas, Italia se interroga sobre la responsabilidad de Protección Civil al no advertir sobre los riesgos de una segunda sacudida. El Gobierno italiano decidió ayer declarar el estado de emergencia en la zona afectada.

Los terremotos son desastres naturales impredecibles, pero los italianos piensan que el del viernes, en concreto el que se produjo a las 11.43, pudo haber sido previsto, al menos considerado probable. Lejos de ello, el subsecretario de Protección Civil, Franco Barberi, entrevistado en televisión horas después del primer movimiento sísmico ocurrido a las 2.33 del viernes, pidió calma y señaló: "La probabilidad de un nuevo temblor tan fuerte es baja, extremadamente baja". Apenas tres horas y media después un nuevo terremoto destruía parcialmente varias localidades de Umbría y la región fronteriza de las Marcas y provocaba el desplome de parte de la bóveda de la basílica superior de San Francisco en Asís, aplastando a cuatro personas.

Barberi ha echado mano de las escalas que miden la magnitud y los efectos de los terremotos para defenderse. La magnitud no ha sido excepcional en ninguno de los dos seismos -en realidad se registraron tres temblores- que sacudieron Italia central el viernes, ninguno superó los seis grados escala Richter. En cambio, alcanzaron, respectivamente, los ocho y nueve grados de la escala Mercalli (dividida en 12 grados), que mide los efectos de los seismos. "Temblores de este género en otras estructuras habitadas no habrían producido daños", aclara Barberi, y un crítico de arte, Federico Zeri, le da la razón.

A juicio de Zeri, la bóveda de la basílica superior de San Francisco, en Asís, no se habría desplomado, causando cuatro muertos y destruyendo los frescos de Cimabue, si no se hubiera cometido "la locura de sustituir los travesaños de madera que sostenían el techo por otros de cemento armado, que han hecho muy pesada y rígida toda la estructura".

La serie, de frescos sobre la vida de los apóstoles, pintada por Cimabue a finales del siglo XIII, ha sido la más afectada por el derrumbe de unos 200 metros cuadrados de bóveda. En cuanto a la obra de Giotto -Zeri no considera que las pinturas sean del discípulo de Cimabue, aunque a su juicio este detalle de paternidad no les resta valor-, no está claro el grado de deterioro sufrido por el terremoto del viernes.

Ayer, el responsable de Bienes Culturales de Florencia, Antonio Paolucci, que ha sido encargado por el Gobierno de evaluar los daños en el patrimonio artístico, se declaró consternado. "Sólo los bombardeos de 1944 sobre Rímini, Pisa y Padua sembraron tanta devastación", dijo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0027, 27 de septiembre de 1997.

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