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Entrevista:

"Al PNV y a CiU ya se les ha dicho dónde esta el límite"

Perbes (A Coruña)
El patrón, y fundador del PP, Manuel Fraga Iribarne, se enfrentará el próximo 19 de octubre a su tercera cita con las urnas en Galicia a punto de cumplir los 75 años. Será la confrontación más comprometida, tras ganar las dos anteriores con mayoría absoluta, justo cuando Fraga dispone, por primera vez, de un teórico aliado en el Gobierno central de su propio partido.

, Como todos los años, en agosto, Fraga está en su casa coruñesa de Perbes, descansando a su manera. Es decir, a toda máquina a los 74 años, sin una hora no prevista, no cronometrada, en su agenda. Se rebulle, impaciente, porque no le han dado el pistoletazo de salida de su próxima campaña electoral y porque las preguntas de esta entrevista "casi" no le permiten hablar de Galicia. Se frena cuando habla de terrorismo, de Interior, del PNV. Está convencido de que José María Aznar se ha consolida do y asegura que ésta sí será la última vez que se presente a las elecciones gallegas. Luego, quiere dedicarse a su familia y a prepararse "para una buena muerte".Pregunta. El liderazgo de Aznar se cuestionaba hasta hace poco. ¿Usted cree que se ha consolidado, que hay derecha para rato?

Respuesta. Evidentemente, el liderazgo de Aznar hoy ya no lo discute nadie, ni dentro del partido ni fuera, porque se ha visto en poco más de un año, que era capaz de hacer una gestión importante en las cuestiones realmente trascendentales y, por tanto, creo que está asentado para mucho tiempo, que presenta un liderazgo indiscutible... Y, dicho esto, de lo que hay para rato es del PP presidido por Aznar, y que cada uno, luego, ponga los adjetivos.

P. Sin duda, habrá hecho usted alguna reflexión, algún diagnóstico sobre la cuestión vasca, sobre la actuación de los partidos y la del Gobierno, tras los sucesos de Ermua.

R. Bueno, mi punto de vista no ha cambiado, desgraciadamente, porque la violencia forma parte de la naturaleza humana. La hay en todas partes. En otros países está más diluida, pero en España tenemos una vieja tradición de violencia después de cada guerra civil. Estos grupos de violencia organizados tardan algún tiempo en desaparecer y han tenido en su favor un cierto sector de opinión; después tuvieron de su parte el miedo de la calle y yo creo que, en este momento, han perdido las dos cosas. Y, ahora, aunque haya discrepancias, que yo me atrevo a decir que son en un caso minoritarias y en otro caso oportunistas, yo creo que, efectivamente, hay un antes y un después del atentado monstruoso de Ermua contra ese hijo de un albañil gallego... Y se acusó en el País Vasco, y se acusó en España entera, aunque ya se había acusado cuando el cautiverio de Ortega Lara. En fin, yo en este momento no soy ministro del Interior, que lo fui, pero creo que todo va a entrar en un camino, como otras veces, de solución.

P. El PNV no parece estar muy de acuerdo con el ministro del Interior. Quizá no han sacado las mismas conclusiones de lo sucedido en Ermua.

R. El PNV es una cosa muy compleja, que ha tenido su historia de traiciones, de dimisiones, la escisión de Eusko Alkartasuna... En el PNV hay, efectivamente, diversas tendencias, pero las reacciones de las partes más numerosas -como decían los escolapios, "maior et sanor pars", "la parte mayor y más sana" van a ser positivas. Y, además, el ministro del Interior es un ministro que tiene que callar, no es un ministro que tenga que hablar todos los días, que no es por ahí por donde... El ministro del Interior tiene que hacer pocas cosas y con buenos resultados. Y en el PNV hay un, consejero de Interior, que es el señor Atutxa, a quien yo respeto mucho y con el que todo el mundo ha podido dialogar, aunque haya otras situaciones, otras personas que nos llevarían a entrar en el tema de la ambigüedad que, insisto, tenderá a mejorar.

P. ¿Por qué está usted tan seguro de que el PNV cambiará su política?

R. Porque yo creo que no le va a quedar otro remedio. Porque ha cambiado la situación y ha cambiado la opinión de muchas gentes. No hablo de desaparecer en un día o dos, hablo de tendencias, que es de lo que hablan las personas serias en historia y en política. Y, bueno, por otra parte está claro que en la realidad de la Europa que estamos construyendo hablar de cambios de fronteras y de autodeterminación no es serio.

P. ¿Cabe esperar algo de los dirigentes de Herri Batasuna?

R. Yo creo que de los dirigentes quizá menos que de los que les votan. Lo importante son esos ciento y pico mil votantes. Cuando se conviertan en veinte o treinta mil, el problema habrá desaparecido.

P. Quisiera que explicara... Usted llegó a pedir clemencia a ETA en favor de Miguel Angel Blanco, pero al mismo tiempo...

R. No, no pedí, clemencia. Pedí humanidad. Clemencia se pide a quien tiene razón y, sin embargo, puede dictar una sentencia más suave. Usé la palabra "humildemente". Lo hice en la plaza del Obradoiro, para que vieran que no éramos prepotentes, que nosotros sí respetábamos la vida humana.

P. Pero, al mismo tiempo, usted propuso, como solución, la de enviar el Ejército al País Vasco. ¿No fue excesivo y contradictorio?

R. No, no fue ese día... Pero es que, además, hay que citar las palabras dentro de su contexto exacto. Mencioné que, en el caso de la lucha contra la Camorra, para aliviar la presión que había en esos momentos en la zona de Nápoles, en ciertos casos, pues cabía esa posibilidad incluso.

P. ¿Usted es de los que creen que los ciudadanos comprenden, o asumen, en el fondo, el tema de los GAL?

R. A mí no me toca hablar por los españoles. Ellos lo hacen cuando votan... Pero usted recuerde siempre que la lucha antiterrorista ha tenido lugar en muchos países. La tuvo que hacer De Gaulle contra la OAS, la tuvo que hacer el Gobierno alemán contra el Ejército Rojo, tuvo que hacerla Inglaterra contra los terroristas del Ulster... Y la gente sabe bien las cosas que se hacen bien, las cosas que se hacen mal, las que se hacen respetando, básicamente, lo que hay que respetar y las que se hacen como chapuceros.

P. Tampoco es fácil conseguir que usted hable de la política autonómica de partido, de las relaciones entre el Gobierno central y los nacionalistas que le apoyan. Para sus críticos, no dejan de ser esquizofrénicas...

R. Yo no diría que hay contradicciones. Lo que hay son conflictos, pero en política siempre hay conflictos. Toda política funciona a base de tenerse que poner de acuerdo. Y unas veces tienen que ceder unos y otras tienen que ceder otros.

P. La oposición acusa al Gobierno de no tener un marco de referencia en el ámbito autonómico, de no tener claro un tope.

R. Yo no creo que eso sea así. Además, usted habrá podido comprobar, precisamente en estos últimos días, que, ante unas declaraciones un poco, digamos, exageradas de algún líder de Cataluña, pues se ha señalado que había un límite, ¿verdad?, y que ese límite está en la Constitución. Y tengo que decir, mirando hacia la izquierda con el artículo uno en la mano y mirando a los nacionalistas con el artículo dos, que esas cuestiones son parte fundamental, inalterable, del pacto constitucional. Y seremos muchos los que podamos decir que el pacto se ha roto, con todas las consecuencias, si se jugase con eso.

P. Lo cierto es que tanto CiU como el PNV han conseguido del Gobierno central cosas inimaginables en otras épocas, ¿no?

R. Yo creo que ya se les ha dicho dónde estaba el límite. Y, por lo demás, estamos en la doctrina del Estado de las autonomías. Y, aunque hay algunos que no creen en ellas, nosotros sí. Si se ponen a debate los derechos históricos, los respetamos; si se pone la idea de llevar al máximo los Estatutos, también. Pero no más allá; no aceptaremos el Estado multinacional ni la autodeterminación, no aceptaremos otra cosa.

P. ¿A usted le parece que la

apuesta que ha hecho Aznar por el PNV ha resultado una buena inversión política?R. Yo creo que en este momento la apuesta por el PNV le ha dado al Gobierno nacional una autoridad extraordinaria. Cuando usted ha llegado hasta donde ha llegado, el Gobierno central tiene autoridad para decir: "Ahora vamos a jugar todos a lo mismo..." Sin duda que se debe obtener un buen resultado de esas relaciones. Y que se tiene derecho a una lealtad máxima por parte del PNV.

P. El tema de la deuda histórica le ha obligado al ministro Rajoy a poner pie en pared.

R. Yo creo que era absolutamente necesario porque si no, ¿dónde estaba el límite? Podríamos llegar a una situación muy ambigua y, por tanto, o todos o ninguno. En este momento, creo que es mucho mejor si hay una fórmula ya de financiación, pues vamos a seguirla para todos.

P. Usted comenzó su mandato con un gran fervor autonomista, reivindicativo. Pero parece que ahora está un poco más caladiño, ¿eh? Que no le quiere crear problemas a Aznar, vaya...

R. Esa es una teoría que mantiene Abel Caballero, que es un señor que anda por ahí diciendo lo que no cree, o por la menos cambiando cada semana de opinión. Yo tengo un Gobierno que está haciendo lo que yo quiero que haga, que, efectivamente, está haciendo una política autonómica seria, que está aplicando una doctrina gracias a la cual vamos en cabeza en cuanto a transferencias y, naturalmente, tengo que estar satisfecho. Yo soy autonomista como el que más; lo que no soy es nacionalista, y mucho menos separatista, punto. He defendido a Galicia, hasta las cachas, como suele decirse. Pero nunca se me ocurrió pensar en Galicia como el señor Beiras.

P. Se dice que el PP de Galicia está muy dividido, que le presentan a, usted como única solución. ¿Se trata de plantear un plebiscito en torno a su figura?

R. Yo lo que creo es que no siendo, efectivamente, lo único, tengo el arraigo profundo del partido en Galicia, ayuntamientos, las cuatro diputaciones, mayoría absoluta en dos legislaturas seguidas, que no está mal... Y, evidentemente, yo llevo un 10% o un 20% más de crédito personal y tengo la obligación de ponerlo al servicio del partido y de Galicia. No es un plebiscito, es un equilibrio, porque yo aporto un poquito más; la gente ve que, por ejemplo, yo circulo por América y me reciben casi como a un jefe de Estado; y a eso le da un valor, supongo, ¿no? Ninguno de mis oponentes lo podría hacer, eso es indiscutible.

P. ¿Es ésta la última vez que se presenta, o... como siempre?

R. Bueno, eso parece razonable pensarlo, porque la verdad es que un momento de descanso algún día tiene que llegar.

P. ¿Está cansado?

R. No. Pero llega un momento en el cual uno tiene la obligación de pensar en su familia, de ordenarlos papeles que se han ido acumulando, de acabar con el último tomo de las memorias... de preparar una buena muerte. Yo ya he visto pasar a mucha gente, a mis tres hermanos, que eran más jóvenes que yo, y a mi pobre mujer, que también era más joven.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de agosto de 1997

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