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Crítica:FLAMENCO

El clasicismo jondo

La caña es uno de los bailes más hermosos y difíciles del flamenco. Tiene empaque, señorío y una estructura a la que el compás de soleá no perdona ciertas rigideces. Por eso, probablemente, se baila poco hoy. Y cuando la baila alguien como Milagros Mengíbar se lo agradecemos.Mengíbar es bailaora de una verdad y una categoría poco frecuentes. No hace concesiones a moderneces fuera de lugar, que en la caña no entrarían ni con calzador. Ella sabe que el baile flamenco es antes que nada un sentimiento interior que le recorre el cuerpo, y sólo después se traduce en unos pasos, en brazos y manos que acarician el aire con delicadeza, en comunicar a todo el ser la sensación de que ninguna de sus células queda excluida del riguroso ceremonial.

Clásicos del flamenco

Cante: Rancapino y José Menese. Toque: Moraíto Chico y Enrique de Melchor. Baile: Milagros Mengíbar. Real Coliseo Carlos III. San Lorenzo de El Escorial, 5 de agosto.

El cante corrió a cargo de Rancapino y Menese, con las guitarras acompanantes de Moraíto y Enrique de Melchor. No había lugar a la sorpresa, pues todos son reconocidos como clásicos de un arte cuyo clasicismo corre a veces serio peligro. Quizá Rancapino estuvo un poco apagado de tono, pero su media voz vale más que los gritos de una legión de pegavoces. Quizá Menese no llegó a romperse como él se rompe, pero aun así cantaores como él siempre dan emoción porque de otra forma no saben cantar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de agosto de 1997