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CARTAS AL DIRECTOR

Me llamo Miguel Ángel

Me llamo Miguel Ángel y me quedan 48 horas de vida. Y no sólo a mí, sino a mis hijos, y a los hijos de mis hijos, y a los hijos de los hijos de mis hijos..., y así, en vertiginosa progresión, hasta el fin de los tiempos. Y me pregunto:¿Quién vivirá ahora mi vida por mí? ¿Y por ellos?

¿Quién dejará en este mundo la pequeña o gran huella que a mí (y a ellos) sólo correspondía?

¿Quién soñará por mí (y por ellos) los sueños que sólo a mí me tocaba soñar?

¿Quién despertará por mí (y por ellos) cada mañana y verá cada nuevo amanecer durante los largos años que aún me estaban reservados?

¿Quién buscará en el placer de la memoria mis recuerdos (y los suyos)? Recuerdos que nunca sucedieron y jamás podrán ser recordados?

¿Quién amará por mí (y por ellos) todo lo que hay de hermoso y amable en este mundo?

¿Quién llorará a mis padres (y a mí... y a ellos aún no nacidos) en su lecho de muerte? ¿Quién sostendrá sus manos?

¿Quien llevará flores a su tumba?

¿Quién secará las lágrimas de tantos llantos derramados y no derramados por mí... y por todos ellos?

Ahora, en esta alucinante cuenta atrás, ahora que la vida se me escapa, yo me pregunto si el valor que dais a la vida es tan despreciable que en nombre de algo que ya nadie comprende imponéis la muerte, la nada, a las infinitas generaciones que hubieran debido vivir sobre la faz de esta tierra-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de julio de 1997