El tiempo de un médico de la Seguridad Social
Tenía cita a las 10.00. Llegué antes por corrección. Hacia las 10.05 llegó su enfermera o secretaria o lo que sea, su auxiliar, en definitiva. La gente iba llegando, sentándose, acumulándose y aguardando pacientemente. Que por algo se nos llama pacientes. Pero a medida que el tiempo pasaba, la tensión subía de tono. Todos se quejaban bajito, sin atreverse a criticar abiertamente. Para entretener la espera me salí a pasear al pasillo.A las 10.10 vi al doctor llegar por el mismo y me dije, bueno, no son más que 10 minutos de retraso. Pasó delante de mí, me hice a un lado para permitirle el acceso a su consulta, pero siguió adelante.
Como me estaba paseando y ya algo impaciente, fuera de mi estado de paciente, le seguí y miré a través del cristal de la ventanilla, pensando que tomaría un recado de las telefonistas y vendría hacia su despacho. ¡Qué ilusa! Se pasó hablando por teléfono, sentado tranquilamente, 10 minutos. Eran, pues, las 10.20.
¡En fin, me dije, 20 minutos son demasiados teniendo en cuenta todos los pacientes que esperan, pero ya llega!
Entró en su gabinete. Le oíamos hablar con su secretaria y seguían sin llamar a nadie. A las 10.30, salió diciendo: "vuelvo enseguida". Iría seguramente a desayunar.
A las 10.45 volvió. Empezaron a llamar. Yo, que era la primera y tenía cita a las 10.00, pasé tres cuartos de hora más tarde.
Estoy segura de que en estos casos cada cual se dice interiormente: "En fin, lo importante es que me vea".
¡No, señor! Lo importante es que trabaje por el tiempo que le pagamos. Porque somos nosotros quienes cotizamos para que ellos cobren su paga mensual.
Y si trabajara el tiempo contratado, podría atender a tres o cuatro enfermos más por día.-
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