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CORRUPCIÓN EN EL FÚTBOL

Los secundarios

Ejecutores. Mercenarios. Intermediarios a sueldo. Dueños de los bajos fondos del fútbol europeo. Ninguna operación dudosa o limpia se hace sin su consentimiento.ALAIN MIGLIACCIO. Agente de futbolistas con negocios a medias con Bernès fuera del fútbol. Acusado de hacer de intermediario entre los directivos marselleses y la red que se encargaba de las facturas falsas. Según el juez, intervino irregularmente en el traspaso de Cantona del Auxerre al OM.

SPYROS KARAGEORGIS. Políglota hijo de un armador griego. Sospechoso de ser el principal proveedor de facturas falsas al OM. Encargado oficialmente por el club marsellés de supervisar a los rivales extranjeros, de asegurar la infraestructura y la seguridad de los jugadores en el extranjero. En realidad, según Bernés, Karageorgis era el intermediario encargado de comprar árbitros y rivales. Se le acusa de haber ayudado a desviar 26 millones de francos de la caja del OM y de su empresa publicitaria.

GLAUDE GHIDALIA. Su empresa, RMGP, ha sido la empresa ofiacial de publicidad del OM. Encargado oficialmente de la publicidad en los estadios y de los derechos de televisión, Ghidalia -íntimo de Tapie- pagó más de 11 millones de francos a Karageorgis por facturas falsas. También remuneró millonariamente a los dos vicepresidentes del OM -Fellous y Levreau- por servicios inexistentes, como artículos en una revista, 15 millones de pesetas, y "consejos dados oralmente", ocho millones. Compró por 200.000 dólares (28 millones de pesetas) a Karageorgis los derechos televisivos de los partidos europeos de la Sampdoria en la temporada 92-93: nada anormal excepto si se tiene en cuenta que esa temporada el club italiano no se clasificó para ninguna competición europea.

ANDRÉ GOERIG. Presidente del Mulhouse que traspasó a Abedi Pelé al OM. Aquella operación costó 2,4 millones de francos. 800.000 fueron para el Mulhouse, otros 800.000 para el jugador y los restantes 800.000 a una cuenta personal de Goerig en Suiza. El traspaso no podía haberse hecho sin su acuerdo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de mayo de 1997