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Los enfermos de Zaire pagan el hospital con electrodomésticos

El Estado no financia a los centros públicos, que sobreviven en la ruina

ENVIADO ESPECIALEl hospital de Mama Yemo (nombre de la madre de Mobutu Sese Seko) está rodeado de una ringlera de funerarias. No es una casualidad, el Mama Yemo es su mejor cliente. Sus médicos, como Kabamba Mbwebze, cirujano jefe del servicio de urgencias, lleva siete meses sin cobrar su irrisorio sueldo (dos dólares al mes) del Estado. "Hace 10 años que no recibimos ayuda oficial. No respetan ni el nombre del hospital. No hay dinero para nadie, ni para la memoria de la madre de Mobutu. Carecemos de medicinas. No tenemos el material quirúrgico adecuado y nos vemos forzados a cobrar a los pacientes cantidades que no pueden pagar tan sólo para poder tener limpio este lugar", dice.

En una camilla desvencijada yace dolorido Yawukole, de 18 años. Tiene el rostro tumefacto, como el de un boxeador noqueado. Lo trajeron anoche de la vera del río. Unos soldados le dieron una gran paliza. Su delito: cruzar el Congo de forma clandestina, tal vez para ganarse unos zaires en el contrabando. A Yawukole el tratamiento le va a costar 150 dólares. Unas monjas belgas pagarán por él. Ha tenido mucha suerte. "Para mí esta es una pesadilla", dice Mbwebze. "Una consulta en el hospital cuesta ocho dólares. Yo no la hubiera podido pagar con mi sueldo de médico. No dejamos nunca de tratar a nadie por el hecho de que no tenga dinero; eso, en cambio, sí sucede en el Ngaliema", una clínica pública que funciona como privada.

Falta de fondos

El director de Ngaliema, un complejo médico en la zona mejor del centro de Kinshasa y en cuyo aparcamiento abundan los Mercedes brillantes, Dongo Membo dice que eso es falso. "Los únicos que no cogen enfermos si no pagan son los del Mama Yemo". Tal vez los dos digan la verdad sobre el otro. En Ngaliema han hallado una solución original para paliar la falta de fondos del paciente. "Le pedimos televisores, radios o frigoríficos como fianza. Sólo los recuperan cuando, reúnen el dinero para pagar", dice un ginecólogo.

"Al cabo de un tiempo, nuestro departamento legal vende esos aparatos. Con eso nos financiamos".

Entre los numerosos pacientes de ambos hospitales hay heridos de la guerra. "Aquí [en el Mamia Yemo] sólo traen a los soldados. Los mandos van al otro", dice Mbwebze. ¿Y los mercenarios? "Aquí no hay ninguno, estarán en Ngaliema". Pero Membo dice que tampoco los ha visto. Fuera de su despacho, una amplia y limpia habitación con aire acondicionado, una caravana fúnebre parte de Ngaliema. Una docena de vehículos. En tres, unos 4x4 exageradamente cuidados, van varios occidentales. Nadie recuerda quién es el muerto. Un portero, tocado de uniforme crema, dice entre dientes con la propina en la mano: "Era un blanco".

En Mama Yemo y en Ngaliema funciona la autogestión. Como el Estado no paga, los médicos se autofinancian con las cuentas de los pacientes. "Ha habido casos de que a uno le han abierto y le han quitado un trozo de intestino sano. Al cabo de un tiempo le han vuelto a abrir. En cada operación le sacan 100 dólares. Y así hasta que se muere", dice un diplomático. En el Mama Yemo, el de los pobres, un cirujano jefe toca a ocho dólares al mes, cuatro veces más de lo que le daba Mobutu. En el de los ricos, un cargo similar obtiene 150 dólares, 75 veces más que con el régimen.

"¿Cómo vamos a estar preparados por si hay batalla en Kinshasa?", dice Musasa Pysu, el jefe de las enfermeras de Mama Yemo. "¡Si no tenemos de nada!". Membo, que debe su cargo al ministro de Salud, no teme por su futuro. "Aunque los rebeldes tomen Kinshasa, necesitarán médicos. Yo no me iré del país. Me quedaré aquí, pase lo que pase. Puedo ser útil". Kabamba Mbwebze lo tiene más fácil: "Mi problema es mucho más sencillo: no tengo adónde ir".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de abril de 1997