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Los científicos proponen orientar toda su maquinaria hacia el siglo del medio ambiente

Apuesta por dar valor económico a biodiversidad y ecosistemas para salvar el planeta

ENVIADA ESPECIALPreocupados por la escasa acción política y económica ante la crisis ambiental mundial que han detectado, los científicos de EE UU proponen concentrar los esfuerzos en este tema ante el nuevo siglo, bautizado ya como el siglo del medio ambiente. La presidenta de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), Jane Lubchenco, propuso en Seattle un nuevo contrato social para la ciencia que permita avanzar más en el conocimiento de los sistemas naturales y comunicar lo que ya se sabe a quienes toman decisiones.

Una vía sugerida es darle un valor económico a la biodiversidad y los ecosistemas, tema estrella en la reunión anual de la AAAS. "En las últimas décadas la ciencia. ha funcionado bajo un contrato social no escrito que nos adjudicaba fondos a cambio de avanzar sobre todo en ciertas áreas, como la defensa, el espacio y la medicina", explicó Lubchenco ante más de 2.000 científicos y educadores. "Este contrato ha funcionado muy bien, hemos avanzado muchísimo, pero la situación es diferente ahora, necesitamos la fuerza total de la ciencia para encarar los problemas medioambientales, que suponen una amenaza para el sistema de soporte de la vida en este planeta".El diagnóstico de Lubchenco y de muchos otros miembros de la más potente comunidad científica del mundo, así como de algunos economistas, es que la explosión de población y la aceleración del desarrollo han llevado a una situación, no sostenible y que nunca se ha dado antes, de degradación de los ecosistemas que forman la base del bienestar humano, a través de la afectación de la economía, la salud, la justicia social e incluso la seguridad nacional.

"Estamos entrando en un mundo fundamentalmente diferente al anterior", afirmó esta zoóloga de la Universidad de Oregon, que cree que no sólo hay que investigar sino, sobre todo, educar a la población y traspasar los conocimientos que ya existen a políticos y economistas para, que puedan tomar decisiones informadas, y no sólo en Estados Unidos.

"Los científicos hemos hablado, bien alto, pero no se nos ha hecho casi caso", afirmó el especialista, Paul Erlich, "cuando es el tema crucial al que se enfrenta actualmente la humanidad". Erlich señaló que los síntomas de la enfermedad son numerosos pero se tiende a no conectarlos, uno por uno, con la situación global. Un ejemplo local son las avalanchas de barro en el noroeste de Estados Unidos causadas por la deforestación en la parte alta de las cuencas, y, otro mundial, la disminución de la pesca en numerosas áreas.

Evaluación de servicios

Para que lo que ya se sabe, que es mucho, se integre en el mundo de las decisiones políticas y económicas la solución, para los especialistas emergentes en esta nueva disciplina, es necesario caracterizar de forma sistemática y evaluar después los servicios que los ecosistemas prestan al hombre. La naturaleza hace labores de detoxificación, purificación del agua, renovación del suelo, polinización de cultivos, regulación del clima, banco de genes y tantos otros, servicios sin los cuales no puede existir prosperidad económica ni supervivencia, recordó uno de ellos, Gretchen Daily. Y en un mundo regido por el mercado, la única solución es que se reconozca su valor. "No sabemos cómo reemplazar estos servicios y cuando sí sabemos no lo sabemos hacer a la escala necesaria", afirmó Erlich, recordando el fracaso de Biosfera 2, el ecosistema artificial supuestamente autosuficiente construido por un millonario en Tejas.El economista Geoffrey Heal cree que el valor total de «los ecosistemas iguala el del producto bruto mundial: "Para hacer el progreso económico compatible- con su conservación tenemos que contestar a la pregunta de cuánto valen". Sin embargo, existen otros valores de los ecosistemas que no son económicos, son morales o estéticos, recordaron tanto Heal como Erlich y por tanto nunca, en su opinión, se podrá reducir la naturaleza a números.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de febrero de 1997