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Cartas al director

Belleza y muerte

Al lado de mi casa, tras la alta valla de un colegio, asoma un viejo almendro a punto de romper y anunciarnos la primavera. Pero ese relámpago de belleza queda anulado por un cansancio terrible, desmoralizador y agobiante: el de tantas muertes seguidas, tanto espanto sin sentido. Me resisto a acostumbrarme a tanta muerte. Si el efecto de cada una nos dura unas horas, seremos sin remisión un pueblo enfermo.-

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