Algo más que simples semáforos
En los últimos meses, he oído numerosas quejas sobre los semáforos instalados en la avenida de Logroño, que une la carretera Nacional II con el pueblo de Barajas.Unos critican el exceso de semáforos, otros aducen que parecen luces de Navidad, que se ponen en verde y en rojo de forma caprichosa.
Los hay que ponen en cuestión los semáforos peatonales, por los que nunca pasa nadie, y además no disponen del botoncito dichoso.
Estas letras van dirigidas a todos aquellos conductores que cada madrugada me acompañan a lo largo de la citada avenida parando cada 50 metros ante las luces en rojo, para reclamarles un poco de imaginación, y para que se esfuercen en comprender cuáles han sido las verdaderas intenciones del MOPTMA, ahora Ministerio de Fomento, sobre la obra en cuestión (empatía le llaman a la figura).
Sin duda, no es un ejemplo más de la chapuza nacional, sino una reafirmación de nuestra ideosincrasia; en cualquier otro país de Europa, se habrían instalado los semáforos justos, sincronizados entre ellos y con el correspondiente botoncito, en el caso de los peatonales.
Fomentan el espíritu individualista y la flexibilidad ante las normas establecidas; muchos se los saltan. Promueven la reflexión serena y la contemplación del entorno, jalonando nuestro camino con oportunas paradas.
Prioriza al caminante reposado sobre el conductor apresurado.
Son, en suma, no un conjunto de semáforos arbitrariamente instalados, sino una exaltación de los valores patrios y humanistas.-


























































