Lotería a la italiana

Un fallo técnico obliga a repetir el sorteo de Reyes ante la irritación de los desafortunados 'millonarios'

hay un italiano anónimo, modelo de discreción en la felicidad como en la desgracia, que en 24 horas ha sufrido dos riesgos graves de infarto. El primero, al enterarse de que había ganado un premi de casi 200 millones de pesetas. El segundo, al saber, pasada una noche de euforia, que su fortuna se había esfumado por un fallo electrónico y el subsiguiente veredicto de la Dirección General de Loterías. El incidente ha puesto en pie de guerra a un país obligado a reconocerse en la más amarga de sus caricaturas: desorganización, inseguridad tecnológica y entrega total a la apariencia televisiva, para más inri encamada en Raffaella Carrà, que, al transmitir en directo el sorteo, complicó las cosas."Celebrar hoy la bandera tricolor quiere decir celebrar un Estado que no funciona, un fisco vampírico y una burocracia que ni siquiera es capaz, como se ha visto, de extraer sin problemas los premios de la lotería", resume Roberto Maroni, número dos de la Liga Norte, el movimiento por la independencia del norte de Italia. La anulación del premio se produjo el pasado lunes, mientras se celebraba el segundo centenario del nacimiento de la bandera italiana.

Dos diputados de la derecha han pedido que el Parlamento tome cartas en el asunto; el ministro de Hacienda, Vincenzo Visco, ha ordenado una investigación administrativa, y también intervendrá la magistratura, ya que un llamado Movimiento por los Derechos Civiles ha solicitado la anulación del sorteo y su repetición íntegra. Las asociaciones de consumidores piden más. Quieren que los premios se dupliquen para contentar tanto a los favorecidos en el primer sorteo como a los que ganen la nueva rifa, que debería resarcir a los perjudicados por el fallo técnico registrado en la primera.

El caso atrae, pues, a políticos, policías y jueces, grandes protagonistas de cualquier acontecimiento que hoy se precie en Italia, y, por supuesto, a la prensa, que le dedica lo mejor de sus primeras páginas. El problema es que arrastrará suficiente cola como para suscitar la ansiedad de los 516 ya premiados, impacientes de gozar de su nueva riqueza. Con sus 5,6 billones de pesetas a distribuir entre pocos agraciados -el premio máximo es de 600 millones de pesetas, y el mínimo, de casi cinco millones de pesetas-, la lotería de Reyes es la principal del año, el sueño del italiano medio, que espera que un milagro le cambié la vida. El sorteo que el pasado lunes concluyó en tragicomedia encontró un marco de fantasía en el programa Carramba, qué sorpresa, versión de lujo, protagonizada por la Carrà, del que Isabel Gemio realiza en España.

Los seis primeros premios fueron sorteados al término de otras tantas sorpresas lacrimosas. Cayó el primero en Roma, el segundo cerca de Génova, el tercero en Bolonia, el cuarto en Verona, el quinto en Jesi, cerca de Ancona, y el sexto en Bari. El sorteo de los 510 premios restantes, que integran la pedrea, quedó para la jornada del martes. La Carrà y sus ilustres invitados despidieron a los nuevos multimillonarios entre brillos de lamé, gritos de alegría y cantos de afinación dudosa.

Pero la centralita del Ministerio de Hacienda se estaba llenando ya de denuncias. Muchos telespectadores habían advertido que, durante el sorteo del quinto premio, uno de los siete bombos electrónicos que agitan las bolas se había atascado y había retenido cuatro números que quedaron excluidos de la tirada. El propio presentador encargado de esa parte del programa advirtió el fallo e hizo un gesto a un colaborador, que dio un golpe visible a la máquina, cosa que ya parece poco en regla. Las bolas no cayeron, pero Carramba siguió, y la tirada se dio por buena.

Los inspectores del Ministerio de Hacienda presentes en el sorteo no detectaron el fallo. Dicen que, desde el lugar donde les colocó la televisión, en función de las exigencias de la retransmisión del programa, no se veía la máquina averiada. El martes, cuando la misma máquina volvió a atascarse durante el sorteo de la pedrea, pidieron el vídeo del primer sorteo y comprobaron lo ocurrido. Decidieron que el quinto premiado de la víspera fuera sustituido por el primero de la pedrea. La fortuna se desplazó así de la modesta Jesi a la ya rica Milán.

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