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Crítica:CLÁSICA

Beethoven, rejuvenecido

La orquesta Gulbenkian de Lisboa ha dedicado íntegramente a Beethoven el primero de sus dos conciertos anunciados en la actual edición del Festival de Otoño de Madrid. El segundo, con coros y obras de Poulenc y Fauré, se ha "aplazado por razones de programación", o dicho de forma más directa, se ha suspendido. De hecho, el importe de las localidades se puede retirar de las taquillas. El ciclo Portugal de cerca entra así también en la política de recortes.Enfrentarse a un programa Beethoven y salir airosos del empeño tiene mérito. Pesa demasiado en el compositor la tradición interpretativa, el sonido compacto y romántico de las grandes orquestas, el sello de los grandes directores. Nada de eso ha condicionado la lectura de Brüggen y la Orquesta de Lisboa en el Auditorio Nacional.

Orquesta Gulbenkian de Lisboa

Dirección: Frans Brüggen. Beethoven: concierto número 3 para piano y orquesta (solista: Alexei Lubimov) y Tercera sinfonía.Festival de Otoño. Ciclo Portugal de cerca. Auditorio Nacional, 19 de octubre.

Su acercamiento entra en una órbita que podríamos llamar cotidiana. Busca por encima de todo la transparencia en la distribución de planos, la sencillez en la continuidad del discurso musical, el lado artesanal de las texturas. Hay sosiego en el desarrollo, naturalidad en la administración y distribución del sonido, imaginación sin retórica. Es una aproximación diferente, tan alejada de los Karajan como de los aparentemente más próximos Harnoncourt o Gardiner.

El enfoque analítico no rozó en ningún momento la frialdad, percibiéndose de una manera especial en la Tercera sinfonía, desde un vitalista allegro con brío hasta una marcha fúnebre que rememoraba aquellas frases de Alejo Carpentier en su novela El acoso, magnífica semblanza literaria de esta sinfonía: "Algo grave, triste, lento".

Complicidad

La Orquesta Gulbenkian respondió con complicidad y entrega a los criterios dibujados por el director holandés. Potente y lírica en la sección de violines, brillante en los violonchelos, y equilibrada en el conjunto, se dejó llevar por un Beethoven más camerístico que heroico, más atento al detalle puntual que al clima efervescente.En la primera parte acompañaron con sobriedad a Alexei Lubimov (Moscú, 1944) en el Tercer concierto para piano y orquesta. Versátil y muy personal en el desarrollo musical, sin perder nunca la línea de continuidad, Lubimov realizó una interpretación en el límite de la ortodoxia, con acentos de originalidad y bastante espontaneidad. Su integración con orquesta y director fue irregular, pero los momentos felices tuvieron imaginación y personalidad.

La sensación final, tras el concierto para piano y la sinfonía, fue la de haber escuchado un Beethoven rejuvenecido, muy en la onda de lo que hoy se está buscando de este compositor por un importante sector de la interpretación musical.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de octubre de 1996