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Gran batalla en el Parlamento europeo sobre la reducción de la jornada laboral

La reducción de la jornada laboral como fórmula para crear empleos provocó ayer una batalla campal en el Parlamento Europeo. La propuesta del ex primer ministro francés Nfichel Rocard de destinar la bolsa de dinero destinada a subvencionar elparo a disminuir las cotizaciones sociales para permitir la reducción horaria sin rebajar salarios ni aumentar los costes escindió a la Cámara entre derechas e izquierdas. Pero Rocard asumió algunas enmiendas que suavizan su propuesta, por lo que, hoy cuenta con probabilidades de ser aprobada.

El informe Rocard ha acabado con la siesta en la cámara. Levantó polémica en el trámite de comisión y la reverdeció ayer a su paso por el plenario de Estrasburgo. De entrada, su autor tendió un puente a los bancos de la derecha, asumiendo algunas de las treinta enmiendas. Primero aceptó cambiar el título de su propuesta de Reducción del tiempo de trabajo. El Partido Popular Europeo (PPE) pretendía cambiarla- por Adaptación del tiempo de trabajo. Pasará a llamarse Reducción y adaptación del tiempo de trabajo.

Asumió después que se pida a la Comisión profundizar en el estudio del asunto: el PPE proponía estudios "concluyentes" sobre' los resultados previsibles, antes de que el ejecutivo comunitario lance la propuesta de recomendación que se le pide. Y se doblegó a no mencionar la cifra de 350.000 millones de ecus (56 billones de pesetas), el 4,5% del PIB de la Unión Europea en que calcula la bolsa de dinero anual que los Quince dedican al desempleo, prejubilaciones y prestaciones sanitarias a los parados.

De esa bolsa pretende Rocard sacar el dinero suficiente para financiar una rebaja de las cotizaciones sociales a las empresas que reduzcan la jornada y creen nuevos empleos, sin rebajar salarios, ni aumentar los costes de las empresas -lo que reduciría su competitividad- ni agravar los déficits de los Estados. Sobre este mecanismo, el corazón de su. propuesta (véase EL PAÍS del 22 de abril) no hubo cambios ni transacciones.

Ese procedimiento, si se aprueba en la votación de hoy (anoche continuaba el debate), lo hace suyo la Comisión y luego, voluntariamente, se lo apropian los Estados y los interlocutores sociales, funcionaría así: las tarifas de las cotizaciones sociales se reducirían para las jornadas inferiores a 32 horas semanales (en, en principio, un ecu o 160 pesetas por hora para las 32 horas) y se aumentarían para las horas trabajadas por encima de las 32 horas (en unos cuatro ecus, 640 pesetas).

Esta rebaja podría financiar la creación de un 10% de nuevos empleos sin tocar los salarios, ni la competitividad. Y ese menor ingreso del Estado o de la Seguridad Social se compensaría con un mayor ingreso proveniente de las cotizaciones de los nuevos empleados.

Con ello "podremos crear algunos millones de puestos de trabajo", defendió Rocard, quien no concretó más cifras. Sí lo hizo su colega Wim Van Velsen, que auguró entre tres y cuatro millones" de nuevos empleos, dada la experiencia de su país, Holanda, el más avanzado en el reparto del trabajo y los contratos a tiempo parcial.

Levantado el debate

La alemana Barbara Weiler recordó que el Libro Blanco de Jacques Delors atribuía a la reducción horaria en Holanda una creación de empleo del 15%, y surgio a actuar ya, porque un instituto de Basilea ha pronosticado que, de seguir así las cosas, en el año 2010 el número de empleos no habrá crecido respecto del existente en 1992, a causa del aumento de la productividad. Y el español Jesús Cabezón celebró que Rocard haya "levantado el debate" porque "el crecimiento por sí solo topa con límites para crear empleos".

Las otras filas de la izquierda, Verdes e Izquierda-. Unitaria, apoyaron a Rocard, aún lamentando que las. enmiendas transaccionales acaben dejando a su propuesta con un tono "menos enérgico" del que desean.

Los portavoces del PPE mostraron disparidades. Fue radical el alemán Thomas Mann: "Muchas veces la reducción horaria no es aplicable" y es siempre "una estrategia defensiva y no ofensiva", opinó, tras criticar las cifra de 3 50. 000 millones de ecus, "porque no es una reserva de la que podamos disponer" sin más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de septiembre de 1996

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