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Un montaje espectacular y Colorista de 'Aida' sorprende pero no entusiasma en Las Ventas

17.000 personas asistieron anoche al estreno de la ópera dirigida por Guiseppe Raffa

Con más de media hora de retraso, una falta respeto al recinto taurino, comenzó ayer esperada representación de Aida en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid. La entrada estuvo cerca del lleno, calculándose en unos 17.000 espectadores. No hubo ningún pañuelo verde a lo largo de la representación, aunque algún papel lírico se quedó sin cantar. Guiseppe Raffa presentó un montaje espectacular y colorista en el que no faltaron ni efectos especiales ni elefantes.

En cierta ocasión escuché a Fernando Savater conversar sobre los recuerdos más antiguos que conservaba de su afición al mundo lírico. Las primeras imágenes que le venían a la mente tenían relación con el movimiento ritual y circular de un caballero con lanza en Lohengrin. Me viene esto a la mente porque lo primero que me despierta la representación de Aida en Las Ventas tiene mucho que ver con el ritual de las historias infantiles, con la memoria consciente e inconsciente recuperada a través de la música y sus mitos.Maneja Giuseppe Raffa con habilidad el formato espectacular y grandilocuente, manteniéndolo por una explosión de color en el vestuario y las proyecciones en pantalla gigante, y por un concepto geométrico y ordenado en los movimientos y disposición de los diferentes grupos.

Es una estética sin riesgo y eficaz, alimentada de tópicos, de un simplismo irritante en el apartado. coreográfico, y llena de efectos especiales que levantan el aplauso si se ven con ingenuidad. No faltan los elefantes, los camellos o el regreso de Radamés en una cuadriga tirada por caballos blancos. El público lo celebra con una mirada afable, porque Aida es también una invitación al tebeo o a la fantasía. Y un retorno a estampas familiares de otras épocas. En tiempos de crisis, siempre queda el espectáculo.

Giuseppe Raffa ha estilizado este montaje desde las primeras representaciones hasta las actuales. Lo ha hecho sobre todo más plástico con las innovaciones tecnológicas. Funciona y asombra, pero no entusiasma. Lo cual no impide el reconocimiento de que, aquí y ahora, es un espectáculo necesario, pero de una estética antigua, conservadora, y en muchos momentos ramplona.

La música es secundaria. Nunca el mejor sonido grabado es comparable al sonido natural. Partiendo de esta premisa está bastante conseguido el ofrecido en Las Ventas. Entre los cantantes hubo de todo. Desde un impresentable, de juzgado de guardia, Radamés a cargó del tenor Giuseppe Giacomini, hasta una buena línea verdiana en el Amonasro de Juan Pons. Entre las mujeres es destacable el acento dramático de la mezzosoprano Bruna Baglioni o la línea lírica de la soprano Monica Pick Hieronimi como Aida.

La ópera busca nuevos caminos. Unos miran hacia la creación, hacia el riesgo; otros tratan de popularizar el género. Giuseppe Raffa apuesta por el lado más comercial. Tal vez procure algún nuevo ,aficionado a la ópera, ojalá, pero de ahí a tratarse esta Aida del "mayor espectáculo del mundo" como anticipó un presentador antes de comenzar la representación hay mucha distancia. Es más, a Aida aún le queda mucho camino por depurar para ser simplemente un buen espectáculo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de junio de 1996