Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Los vecinos creen que la niña Eva Lavandeira murió de frío en el monte donde se perdió

Todos los indicios apuntan a que la niña autista Eva Lavandeira Fernández, de cinco años, encontrada el pasado sábado en un monte de Vimianzo (La Coruña), falleció por causas naturales. A la espera de que se hagan públicos los resultados de la autopsia que se practicó ayer al cadáver, su familia y los vecinos de la localidad que participaron en la búsqueda de la pequeña durante la última semana aventuran que Eva pudo haber muerto de frío e inanición. Los testimonios de las personas que vieron el cuerpo coinciden en que no se apreciaba en él ni un rasguño y que aparentaba no llevar mucho tiempo sin vida.

"Fue una casualidad". José Sánchez, primo de José Lavandeira, el padre de Eva, se dio de bruces con el cadáver sobre las seis de la tarde del sábado. Estaba a punto de anochecer y Sánchez, junto a otro vecino, bajaba por una ladera del monte Faro, a unos dos kilómetros del lugar donde la niña había desaparecido el pasado día 19. De repente, a escasos metros de distancia, sobre el lecho de un arroyo que atraviesa un pequeño prado en un claro del bosque, se les dibujó el inequívoco perfil del cadáver. "Al verlo, supimos que era ella", recuerda Sánchez.Las autoridades habían abandonado la búsqueda el pasado jueves, convencidas de que Eva no estaba en el monte. Fue la persistencia de su padre la que permitió desvelar el misterio sobre el paradero de la niña.

Lavandeira apenas duerme desde que el día 19 dejó a su hija en una furgoneta al pie del monte para ir a vigilar una manada de caballos salvajes. "Ha buscado día y noche", dice su primo José Sánchez, "sólo venía a casa para cambiarse de ropa y comer algo".

Suspendido el rastreo oficial, Lavandeira siguió organizando batidas por su cuenta, con familiares y amigos. A última hora de la tarde del sábado había en monte Faro cerca de medio centenar de personas escudriñando matorrales y senderos. Fue cuando se oyó el grito de Sánchez: "¡Aquí!, ¡aquí!". En unos minutos, casi toda la cuadrilla, incluido el padre de la pequeña', se reunió en tomo al trágico hallazgo.

Esa zona ya había sido rastreada durante la última semana, aunque con menos intensidad porque la búsqueda se centró en dirección contraria, en la que se suponía pudiera haber caminado Eva tras abandonar el coche.

Algunos vecinos recuerdan con rabia haber pasado cerca del prado sin reparar en nada extraño, tal vez porque el lugar está protegido con un pequeño muro de piedra. Sin embargo, José Sánchez no se explica que nadie la viera. `No estaba tapada", relata. "Ni siquiera hay árboles, ni demasiada maleza y a menos de 200 metros pasa una pista forestal. Yo creo que si los helicópteros hubiesen sobrevolado esa zona, tendrían que haberla visto".

Los perros perdieron el rastro

Apenas un kilómetro monte arriba, los perros adiestrados habían perdido el rastro de Eva al alcanzar el riachuelo, que tiene un curso muy irregular y cuyo caudal ha ido aumentando por las constantes lluvias.Curiosamente, el prado se encuentra en dirección a la casa familiar de Eva, distante unos cuatro kilómetros. No se puede aventurar si realmente la niña había encontrado el camino de regreso o si seguía las luces de algunas casas visibles desde la ladera del monte. A nadie le extraña que Eva tratara de ocultarse ante la presencia de desconocidos. "Era así su carácter", explica una de sus profesoras en el colegio público de Vimianzo. "Se mostraba recelosa ante las personas que no le resultaban familiares. Es probable que ella misma se buscase un escondite al oír los ruidos de la gente", agrega.

Los resultados de la autopsia, que se practicó ayer durante ocho horas, no se han hecho públicos. La titular del juzgado número, 2 de Corcubión, María Jesús Arnau, decretó el secreto del sumario y ha pedido a las personas que vieron el cadáver que sean discretas en sus declaraciones públicas. Pero todos los testigos coinciden en que, por su aspecto, daba la impresión de que la niña se había tendido en la hierba, donde pudo morir por el frío, el cansancio y el hambre. Vestía el chándal que llevaba el día de su desaparición, aunque tenía "un poco bajado" el pantalón, según el alcalde de Vimianzo, Alejandro Rodríguez Lema.

El entierro será hoy en la parroquia de San Juan de Calo, la aldea donde vive la familia. "Se ha hecho todo lo que se podía hacer por encontrarla", manifestó ayer Alejandro Rodríguez al declarar dos días de luto oficial.

El presidente de la Xunta, Manuel Fraga, se mostró muy afectado al conocer la trágica noticia. Fraga participaba en un acto Público del PP en Vigo, y, tras pedir un minuto de silencio, llegó a derramar algunas lágrimas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de noviembre de 1995

Más información

  • La juez ha decretado el secreto del sumario y se desconoce el resultado de la autopsia