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CRISIS EN ECONOMÍA.

Al margen de la línea oficial

La dimisión de Alfredo Pastor, aunque se sabía su desazón, ha sido sorprendente. Y ha sorprendido por el hecho de que se produzca a cuatro meses escasos de las elecciones. El cambio en un cargo tan importante como el de la Secretaría de Estado de Economía (rango de viceministro) siempre tiene un alcance de profundidad. Y más si se produce en medio de una crisis gubernamental ya larga y a tan poco tiempo del final de la legislatura.En Economía era notorio que Pastor quería irse. Que no se encontraba a gusto en su cargo ni con lo que le rodeaba. Que su familia quería que volviera "pronto" a Barcelona... Por los despachos de Alcalá 9 (sede del ministerio) también corría la bicha de sus distantes relaciones con los responsables de Hacienda y de su falta de entendimiento con Solbes desde hace meses. En fin, un cúmulo de causas suficientes para justificar la dimisión. Pero nadie entiende muy bien por qué no se intentó un esfuerzo para esperar unos meses más y, de ese modo, evitar una crisis -otra- que afecta directamente al Gobierno.

¿Se pudo evitar? ¿Es que Pastor no tenía más aguante cuando las elecciones están a tiro de piedra y apenas quedan tareas imprescindibles en su parcela? ¿Acaso había algo más que el cansancio al que apela el propio Pastor? Economía asegura que no tiene constancia de nada raro y que el cambio se debe sólo a los deseos de Pastor de marcharse y que "no se pudo hacer nada para que esperara más".

Pastor -antes ha sido presidente de Enher, consejero del Banco de España, gerente del Instituto de Empresa Familiar, consejero de Carburos, propietario de una empresa de consultoría- ha pasado por Economía como un hombre "educado y no conflictivo", aseveran en el Ministerio. Pero, a juzgar por los hechos, parece que esa fama le ha labrado más enemistades y disgustos de los que cabría esperar. Pastor es un teórico lejano al campo político. Su incorporación al departamento fue recomendada por personas allegadas al anterior ministro, Carlos Solchaga, y amparada en las buenas palabras de Luis Ángel Rojo, y la "formidable impresión" que le causó a Solbes. Posteriormente, Pastor ha tenido algunas acciones que se salían de la línea oficial, con declaraciones que sorprendían a propios y extraños y, sobre todo, con propuestas que no podían entrar, todavía, en las directrices marcadas en la política del departamento o que se metían en política fiscal, un terreno limítrofe al suyo, pero que no era el suyo.

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