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CIENCIA

El cerebro se adapta a las necesidades de cada individuo

Los continuos ensayos de los violinistas no sólo afectan a la cabeza de sus vecinos, sino también a la suya propia. Cuando una persona toca durante años el violín, el chelo o la guitarra, la parte de su cerebro, que representa los dedos de la mano izquierda se expande, según publican hoy Thomas Elbert y sus colegas en la revista Science. Los autores concluyen que la corteza cerebral se adapta a las necesidades y experiencias del individuo, y sugieren aplicaciones para la rehabilitación tras ciertos daños neurológicos.La mayoría de las tareas que requieren una gran destreza manual implican el uso de las dos manos por igual. Al tocar un instrumento de cuerda, en cambio, la mano izquierda -la que pulsa las cuerdas- se usa mucho más que la derecha. Ello ha facilitado a los investigadores la obtención de datos, al poder comparar las regiones de la corteza cerebral que representan una y otra mano, situadas en lóbulos distintos.

La mujer de Edward Taub, uno de los científicos del equipo, es cantante de ópera y fue quien sugirió los experimentos, informa Reuter. Los investigadores estudiaron a seis violinistas, dos violonchelistas y un guitarrista, Por un lado, y a otras seis personas que no tocaban ningún instrumento como control, utilizando técnicas de resonancia magnética. Con una correlación casi perfecta, los músicos de cuerda resultaron tener expandidas las partes del cerebro que procesan la información de su mano izquierda.

Los efectos son de una sorprendente precisión. Las zonas de la corteza cerebral correspondientes a los cuatro dedos largos de la mano izquierda los que se mueven sobre las cuerdas- aparecen más expandidas que la del dedo pulgar, que se limita a pinzar el diapasón del instrumento. El agrandamiento no supone un aumento del número de neuronas, sino una redistribución de las que se asignan a cada parte de la mano. Así las áreas correspondientes a los dedos se expanden a costa de la que normalmente representa la palma de la mano.

Efecto de la edad

Se dice que, para ser un virtuoso, hay que empezar a tocar de niño. La expansión de las zonas de control es muy grande en los músicos que empezaron a practicar entre los cinco y los diez años, y mucho menor en los que lo hicieron entre los 15 y los 20.Los resultados revelan la capacidad del cerebro para adaptarse a las necesidades y a las experiencias de los individuos. Tras algunos accidentes, ataques o intervenciones quirúrgicas, un daño cerebral provoca que el paciente pierda la movilidad de alguna parte de su cuerpo. Con el tiempo y el entrenamiento, zonas del cerebro adyacentes a la dañada pueden asumir la función de ésta, con lo que el paciente recupera parte de la movilidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de octubre de 1995