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VUELTA 95

Jalabert aniquila la carrera

El corredor francés, con un ataque a lo Hinault, acaba con las ilusiones de Olano

"Un hombre solo al frente de la carrera..." Utilizar cl comienzo de la más hermosa crónica radiofónica, la dedicada hace más de 40 años a una de las hazañas de Fausto Coppi, no debería sonar a herejía cuando se trata de cantar los hechos protagonizados ayer por un corredor francés, Laurent Jalabert, en un territorio -la sierra avileña- que mitificó su compatriota, el gran Bernard Hinault, allá por 1983. El tejón ganó entonces la Vuelta; Jalabert va camino de ello. Queda mucha Vuelta, dicen todos, pero no se adivina nadie, excepto alguien de su propio equipo, que pueda privarle, de su primer triunfo en una grande.Su equipo, el ONCE, había planteado un ataque de escuela. Algo fácil, se puede decir, teniendo todos los ases de la baraja en la mano -el ONCE al completo asusta por su forma espectacular-; algo difícil, se puede disentir, si no se tiene la voluntad de hacerlo. Primero, aislaron al enemigo, Abraham Olano; luego, como matones superiores, se dedicaron a golpearle desde todos los lados, cuatro contra uno. Abusaron de su superioridad. Hasta que Olano dijo basta. Fue cuando Jalabert, subiendo ya Serranillos, dijo adiós. Con una facilidad exasperante, el francés que no para de ganar carreras desde hace un año se fue solo.

El viento soplaba de espaldas. No. necesitaba compañeros de fuga para el valle. Quedaban 70 kilómetros para la meta. La escuela, ONCE se rompió ahí. El gusto por el ataque colectivo y planificado no encontró eco en el francés, que, sin embargo y educadamente, pidió permiso a su director para irse. Los minutos crecieron y las fuerzas del francés no menguaron. Con una fácilidad insultante aumentaba su ventaja por todo tipo de terrenos: subida, bajada y llano. Iba a por la Vuelta, su Vuelta.

"Un hombre solo al frente de la carrera...." La primera frase seguro que no desentona para contar lo que hizo Abraham Olano. El corredor guipuzcoano perdió la Vuelta cuando Riis se cayó en la contrarreloj de Salamanca. El ciclismo es un deporte individual pero se corre en equipo. El Mapei de Olano se agotó en Serranillos. El guipuzcoano se quedó solo en el más amplio sentido de la palabra. Fue la verdadera imagen, la única, de la etapa: Abraham. Olano subiendo Serranillos por delante de un grupo; detrás de él, cuatro del ONCE, esperando a que se agotara para atacarle a su vez y completar el festival lo hicieron Mauri y Bruyneel

Más atrás, el desinterés, la debilidad y la falta de ambición e ilusión. El no intervencionismo fue el lema. Unos, los gewiss, veían cómo perdían la Vuelta y no podían hacer nada porque Riis se resintió de su caída, y porque Ugrumov perdió, tiempo a espuertas. Y tampoco tenían mucho, más delante. Otros, porque la Vuelta no va con ellos. Les importa bien poco. Son las presuntas figuras: Pantani, Virenque y compañía, aunque el francés se dejó ver en el descenso.

El vacío a Olano fue total. El corredor de Anoeta se vio obligado a dar un paso de gigante en su carrera. Con un orgullo infinito aguantó y tiró solo. Como los campeones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de septiembre de 1995