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Entrevista:

"El arma nuclear nos protege de la guerra"

Michel Rocard, de 65 años, fue primer ministro entre 1988 y 1991, época en que Francia empezó a espaciar sus pruebas nucleares en Mururoa. Durante los años sesenta se manifestó en contra de la política nuclear del general De Gaulle, una política en parte posible gracias a los conocimientos científicos de su padre, Yves Rocard, el hombre que puso a punto la bomba atómica francesa. Ahora, el hijo condena la decisión chiraquiana de reemprender los ensayos bajo el atolón polinésico.Pregunta. El presidente socialista Mitterrand es el que mayor número de explosiones ha ordenado en toda la V República. ¿No es contradictorio criticar ahora a Chirac?

Respuesta. Cuando yo era primer ministro tomamos la decisión de ir hacia una reducción progresiva de los ensayos nucleares y pasamos de ocho a seis por año. Se trataba de una estrategia que debía conducimos a la simulación por ordenador. Ya entonces dije que, una vez alcanzada la cota de las cero explosiones, sería imposible reemprenderlos. Es la confianza internacional en todas las medidas de desarme progresivo la que aparece ahora cuestionada por la decisión del presidente Chirac.

P. En Defensa de la reanudación de las pruebas, el presidente Chirac ha avanzado argumentos políticos -la independencia nacional, pero también la perspectiva de una Defensa común europea- y argumentos científico-técnicos: la simulación sólo es posible si antes nuevas explosiones proporcionan datos imprescindibles. ¿No los considera ciertos?

R. Las cabezas nucleares M-75 que han de equipar nuestros submarinos no han sido ensayadas y precisan, pues, de una prueba. Los detonadores de nuevo tipo tampoco han pasado aún ninguna prúeba. Para realizar simulaciones se necesitan los parámetros que capta el ordenador las dos o tres millonésimas de segundo anteriores al momento en que la explosión destruye todos los sensores que proporcionan datos y eso comporta una serie de ensayos. Todo esto es cierto, es técnicamente exacto pero también lo es que la decisión es política y no técnica.

P. Pero el presidente afirma que la política militar necesita de esas certezas técnicas.

R. El precio a pagar es demasiado alto. En un platillo de la balanza está el minúsculo porcentaje de duda que se deriva de asumir la renovación del material sin poder ensayarlo, mientras que en el otro está el romper la confianza diplomática.

P. Usted es miembro de la comisión del Parlamento Europeo que estudia una futura política exterior y de Defensa común. ¿Ofrecer la bomba a la UE le parece un gesto viable y adecuado?

R. La idea es importante, pero no era ni el momento ni la manera de proponerla. La irritación internacional contra Francia hace imposible que en este momento se pueda reflexionar seria y racionalmente sobre la cuestión.

P. ¿Cree usted vigente la doctrina de la disuasión nuclear?

R. Las armas nucleares son las primeras que atemorizan, incluso a jefes de Estado y generales, y hacen la guerra más difícil. En consecuencia, soy partidario de un desarme simultáneo, general y controlado, pero no de la simple supresión del armamento nuclear, ya que esa vía haría más fácil la guerra. El arma nuclear nos protege de la guerra.

P. Cuando su padre trabajaba en la puesta a punto de la bomba francesa usted era contrario al armamento nuclear. ¿Discutían a menudo?

R. Mi padre suscribía plenamente el razonamiento del general De Gaulle por el cual era increíble que un presidente norteamericano estuviese dispuesto a servirse de arma atómica para defender ciudadanos que no eran los suyos. Yo, como toda la izquierda francesa y otra mucha gente que no era de izquierdas, pensaba que la guerra fría debíamos dejársela a norteamericanos y rusos. La opción nuclear adoptada por De Gaulle nos ha permitido escapar a la guerra y ha garantizado la independencia nacional, pero ha significado también que una gran parte de los recursos de nuestra política de Defensa fueran absorbidos por la investigación y el armamento nuclear. En estos momentos, la potencia de fuego convencional de nuestro Ejército es apenas un 60% de la del Ejército alemán, tenemos menos tanques, aviones o ametralladoras que algunos de nuestros vecinos. Cuando el general eligió el camino de la bomba no comprometió sólo su presente, sino también a todos los futuros gobernantes. Cambiar nuestra política de Defensa significaba, cuando los socialistas llegamos al poder, doblar el presupuesto militar durante 10 años, algo inviable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de septiembre de 1995

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