Editorial:Editorial
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Vacilante paz

HAY QUE vacilar antes de decir paz; posiblemente se trata más bien de agotamiento de los contendientes. Rusia tiene otros problemas tan o más acuciantes que la eventual secesión de Chechenia, y, sobre todo, el Estado sucesor de la Unión Soviética ha estrenado en los últimos años una. verdadera opinión pública, que comprende mal. la muerte de esposos, hijos y hermanos en una tierra distinta y distante, de la que sabe poco y que le importa aún menos.Los rusos están ya hartos de pelear, y los chechenos, agotados de hacerlo. Así se llegó en julio a un primer esbozo de acuerdo, aunque de contenido inicialmente sólo militar, que, si bien fue acogido entonces con gran escepticismo, todo parece indicar que se está consolidando. Pese a que ayer se produjo un efímera espantada del los secesionistas en las conversaciones, los contactos se reanudaron el mismo día y, lo que es más importante, deberían comenzar ahora a abordar aspectos políticos del caso.

Lo único en lo que están de acuerdo hasta la fecha los- contendientes es en el abandono de las armas: un aIto el fuego inmediato, que más o menos se viene cumpliendo, intercambio de prisioneros y desarme de la guerrilla coordinado con la retirada de las tropas rusas, de forma que sólo quede sobre el terreno una brigada del Ejército y otra del Ministerio del Interior rusos.

Todo ello, sin embargo, no resuelve la cuestión fundamental. ¿Acepta Moscú algún tipo de marcha hacia la independencia de Chechenia? ¿Toman en consideración los nacionalistas del presidente Dudaiev alguna clase de articulación con el conjunto político ruso? Se baraja la posibilidad por parte de Moscú de la celebración de elecciones antes de fin de año, que podrían ser constituyentes, y tampoco se descarta un referéndum en el que el pueblo checheno, pudiera votar sobre la independencia que proclamaron en 1991. Los chechenos quieren garantías de que obtendrán la independencia si así se prueba que lo quiere la población; los rusos se amparan en el marco constitucional para hablar sólo de democracia en Chechenia, pero no de secesión.

Y, sin embargo, con un mínimo de- buena voluntad extenuada por ambas partes el problema no parecería insoluble. Moscú, seguramente, firmaría una hoja de parra que mantuviera la conexión interna del país dentro de la. república rusa, Sin dejar de reconocer por ello una extensa soberanía interna del territorio. Es evidente que Rusia puede estrangular económicamente el país cuando quiera y reducir cualquier independencia a poco más que un protectorado de hecho. Y, por ello, los nacionalistas chechenos pueden acabar con mucho menos que el autogobierno interno si no dan facilidades constitucionales a Moscú.

Entre una plena independencia, que es ilusoria, y un auténtico sometimiento a Rusia, que parece inverosíl, y con pocas ganas por las partes de combatir para no acabar obteniendo lo uno ni lo otro, sólo debería quedar como solución el camino del acuerdo. Es pronto para saber qué perfil concreto puede éste adoptar. Pero lo básico de las reivindicaciones de los rusos -políticas- y de los chechenos soberanía real - no es inalcanzable. Lo más conveniente sería que ambas partes entendieran que con más muertos no se compra ni independencia ni sometimiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0010, 10 de agosto de 1995.

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