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CARTAS AL DIRECTOR

Sobre la muerte de Rosa Zarra

Soy médico adjunto del servicio de nefrología del hospital Aránzazu, de Donostia, y por tanto miembro del equipo que ha atendido a Rosa durante estos años, primero como paciente de hemodiálisis y luego como trasplantada de riñón, razón por la cual la conocía perfectamente.En relación a lo publicado en la prensa sobre el informe del forense realizado, me gustaría puntualizar lo siguiente:

1. El impacto del pelotazo se produjo, fundamentalmente, en la zona periumbilical, o sea, en la zona media del abdomen.

2. La arteria que nutre de sangre al colon ascendente nace en la aorta, que se encuentra en el lado izquierdo de la cavidad abdominal, por lo que un traumatismo sobre dicho lado izquierdo puede producir una trombosis en esa arteria que se manifestará por una falta de sangre y una muerte celular o necrosis en el colon ascendente, que se encuentra en el lado derecho.

3. La paciente presentaba presumiblemente cierto . componente de alteración en la localización de sus órganos abdominales en relación a múltiples cirugías abdominales previas.

4. Están claramente descritos diferentes casos previos de traumatismos cerrados, o sea, sin producción de herida, en la literatura médica, en los cuales se han presentado fenómenos de. trombosis arteriales o venosas.

5. Lógicamente, la paciente debía presentar importantes lesiones arteriales en forma de arteriosclerosis y calcificaciones vasculares, todo ello en relación, sobre todo, a sus años transcurridos en hemodiálisis, con lo que la posibilidad de presentar un fenómeno trombótico secundario a traumatismo se hace mucho mayor.

6. La paciente nunca había presentado fenómenos de embolia de origen cardiaco ni de ningún otro tipo.

7. Dada la forma en que se han desarrollado los hechos, creo que lo lógico es pensar que el pelotazo fue el causante del fallecimiento de Rosa, por medio de una trombosis arterial que produjo una perforación de colon y un shock séptico en una paciente con sus mecanismos de defensa disminuidos en relación al tratamiento que seguía para su trasplante renal. Lo que no se puede hacer es descartar dicha hipótesis y afirmar que se trata de una muerte natural en relación a un embolismo de origen cardiaco. Para afirmar esto último se necesitan pruebas, y no creo que éstas existan.

Desgraciadamente, lo que está claro es que Rosa era una mujer que se encontraba bien hasta el día del pelotazo y que falleció a los ocho días de haberlo recibido .-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de julio de 1995