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Entrevista:

"No creo que haya que poner un puente o un túnel en cada cruce"

Cuando Fernando Sarasola (62 años) entró en el Ayuntamiento de Madrid en 1959 como ingeniero jefe, la prioridad era adoquinar las calles. Como ingeniero de caminos trabajó 10 años para el municipio levantando puentes: el de Juan Bravo, el de Raimundo Fernández Villaverde, el de Joaquín Costa y el de López de Hoyos. En los setenta se pasó a la empresa privada, donde ahora preside la constructora Sacyr y la Caja Caminos, una cooperativa de crédito para ingenieros que maneja unos 50.000 millones de pesetas al año. Por su labor dentro y fuera de la ingeniería civil acaba de recibir la Medalla de Honor del Colegio Oficial de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.Pregunta. ¿Cuál era su misión en el Ayuntamiento?

Respuesta. En aquellos momentos había muchas carencias. Cuando yo entré en 1959 tenía a mi cargo el distrito de Salamanca, en el que estaba todo hecho, y el de Ventas, que era un barrizal. Cuando llovía daba pena porque las personas difícilmente podían llegar a su casa. Como no había mucho dinero procurábamos hacer una obra de asfaltado en el distrito de Salamanca y con el adoquín que quitábamos allí adoquinábamos en Ventas.

P. ¿Cuándo empezaron a hacerse obras importantes en Madrid?

R. Ya en los sesenta cambió la coyuntura económica y empezaron las obras importantes. Yo hice el paso inferior de Alcalá con Velázquez y el de María de Molina hacia el aeropuerto y llevé la dirección de los puentes de López de Hoyos, Juan Bravo y Joaquín Costa.

P. ¿Ya en esa época eran necesarios los puentes para aliviar el tráfico?

R. Era imprescindible, porque no estaba hecha la M-30 y en realidad esto era la M-20. La M-30 era entonces el arroyo Abroñigal, y la falta de un cinturón provocaba graves atascos. Se hizo el paseo de Rondas con pasos a distinto nivel para resolver ese problema.

P. ¿Entre los ingenieros también discuten sobre la bondad de los túneles en Madrid?

R. En todos los colectivos hay sus, polémicas. A mí, en principio, dentro de la ciudad, por ejemplo en la Castellana, prefiero los pasos inferiores a los puentes. Pero hoy día es impensable quitarlos. No creo que en cada cruce haya que hacer un puente o un túnel; Hay que ordenar la circulación y que la gente se acostumbre a usar el servicio público y a aparcar donde debe.

P. Algunos sí se quitaron, como el de Atocha.

R. Sí, y acertadamente, porque, además de la utilidad, tiene que estar la estética y una ciudad tiene que ser agradable. La solución actual es mucho más agradable y casi igual de funcional que el scalextric.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de julio de 1995

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