Reflejo
Además de un espectáculo lamentable, los múltiples casos de corrupción que sacuden a este país proporcionan elementos de análisis de la propia sociedad a mi juicio muy interesantes. Diríase que en el fondo necesitamos de la existencia de grandes corruptos, pues gracias a ellos disponemos de coartada moral. Excusas que relativicen las propias corruptelas, los chanchullos cotidianos, nuestra desidia y nuestra mentira. Comparados con los grandes personajes que hoy están en la picota, todos somos inocentes. En la medida en que grito a los cuatro vientos que Fulano es un corrupto, y cuanta mayor indignación muestro al hacerlo, más alto proclamo ante el mundo mi propia honestidad.No comparto la opinión de quienes se llenan la boca de continuos halagos al pueblo, a la sabiduría del pueblo, a ese buen pueblo, siempre inocente, siempre libre de culpa, siempre engañado por unos cuantos miserables que no son dignos de representarlo. Más bien creo que el alma colectiva de la sociedad se refleja en sus dirigentes.
¿Por qué tanto rasgarse las vestiduras entonces? ¿Cómo es que una sociedad que ha hecho del chanchullo, de la triquiñuela y de la más variada picaresca simpáticas virtudes y las ha elevado al rango de bellas artes se muestra tan escandalizada? Muchos de los que más vociferan ¿no harían lo mismo si tuvieran la oportunidad y creyeran poder quedar impunes? ¿Por dónde se empieza a atajar la corrupción entonces?.-


























































